domingo, 29 de septiembre de 2013

Capitulo 5 - Lo que hizo

Bruno llegó a clase confundido, su vista era borrosa y realmente él no sabía qué hacía allí. Se tambaleaba como si estuviera borracho y por si fuera poco, tenía unas ojeras impresionantes. Estaba demasiado pálido.
Todos sus compañeros de clase le miraban confundidos, tan confundidos como lo estaba él.
Por alguna razón, Adam no había ido a clase, Bruno lo noto. Siguió caminando hacía su pupitre, que estaba al final del aula.
-Perdón por llegar tarde- dijo en un tono que parecía que estaba ebrio.
El maestro se dirigió hacía el corriendo, pero antes de eso… Bruno cayó al suelo brutalmente. Quizás si no hubiese conocido a Dana no hubiese pasado nada de aquello ¿Verdad?... perdón, para que podáis entenderlo tendremos que viajar hacía el pasado, exactamente al gran esperado miércoles por la noche.
Allí estaba Bruno, en frente de aquella casa junto a Dana. Se alegró de saber que no estaba solo, de tanta gente que había allí sola, él se presentó a aquel lugar con una compañera ¿No era genial? Se alegro, como nunca antes lo había hecho.
Al entrar a aquella casa, había muchísima gente. Todos estaban bebiendo algo, Bruno supuso que era alcohol, él no sabía sobre las marcas de distintos licores que había, por lo que sabía que él negaría cualquier bebida. Dana se lo llevó a la cocina, cogió un vaso que parecía tener una bebida dentro, era alcohólica.
-¡Toma!- dijo ella elevando una leve sonrisa.
-¿Qué es?- preguntó Bruno.
-Pruébala, te gustara- contestó la chica.
Bruno lo hizo, la verdad es que no le gustó demasiado aquella bebida alcohólica, pero la bebía poco a poco.
Allí cualquier chica se acercaba a hablar con Bruno, se sentía feliz de sentirse popular al menos una vez. Intentaba decir lo que ellas querían decir, en cambio… él rechazaría cualquier oferta de estar con una de ella para cualquier cosa, solo estaría con Dana, que en ese momento estaba moviéndose al ritmo de la música con un chico alto y musculoso… él no era así, eso le hizo deprimirse… aunque tenía miles de chicas a su alrededor ¿Por qué llorar cuando podría pasar la noche con todas ellas?
Cuando se acabo de beber la bebida alcohólica, que no sabía lo que era, una de las chicas le dio otra. Él comenzó a beber y así seguidamente.
-¿Te gusta alguien?- preguntó una de las chicas.
-Si- contestó Bruno comenzando a estar ebrio, cuando acababa una copa… luego le daban otra. La llevaba 9 copas distintas.
-¿Quién te gusta?- preguntó uno de los chicos que se acerco a su alrededor.
Él miro a Dana que seguía con el mismo chico ¿Quién sería? No le importo demasiado, solo supo que ella estaba hermosa mientras bailaba.
A lo lejos estaba Gabriel, también conocido como el peor enemigo de Bruno. Se acerco a él con paso firme, tenía una cámara de video y estaba grabando a todos en la fiesta, no hacía falta decir que no había una persona más borracha que Bruno.
-¿Qué haces aquí?- preguntó él con un tono enfadado.
-¿Quién eres?- Bruno no reconoció a Gabriel, su vista era más o menos… borrosa.
Gabriel se comenzó a reír y se alejo con la cámara, supo que aquel día pasarían cosas muy divertidas ¿Verdad?
Y el chico seguía bebiendo aun así sin reconocer a nadie. Se acerco a Dana, aunque aquel chico con el que estaba la mantenía ocupada.
-Dana, quiero hablar contigo- dijo el chico, parecía estar preocupado.
-Claro ¿Qué quieres?- preguntó ella.
-A solas.
Y así fue como acabaron en aquel jardín.
Bruno dio un sorbo a la copa que tenía en la mano y miro a Dana, estaba decidido a decírselo, por fin le diría lo que sentía por ella… ¡Si, estaba decidido!
-Dana, quiero que sepas una cosa- dijo Bruno.
-¿Qué cosa?- preguntó Dana.
-Me he enamorado de ti.
Dana se mantuvo en silencio al escuchar aquello, Bruno se alegró de habérselo dicho… aunque se silencio parecía no ser bueno. Tuvo miedo, comenzó a temblar y tener ganas de llorar, y así, Dana abrió la boca para hablar.
-Yo… es que… estas borracho, no sabes lo que dices. Deberías volver a tu casa ¿Sabes? A descansar.
Bruno dio unos pasos hacia atrás sorprendido por la respuesta de aquella chica, tembló y las ganas de llorar que le dieron antes, ahora tenía muchas más ganas. Y si, esta es la parte del emborrachamiento donde te vuelves depresivo y nadie puede hacer nada de nada.
-Yo… luego me voy- contestó Bruno dándose la vuelta y dirigiéndose hacía unos columpios.
Allí se sentó, en el columpio. Entre mucha gente que había alrededor observó como Dana se volvía a meter en la casa y él comenzaba a estar solo. Empezó a llorar, una lágrima comenzó a salir una tras otra.
Un chico se acerco lentamente a él, le miro curiosamente. Bruno no pudo reconocerlo.
-¿Bruno? ¿Qué haces aquí?- preguntó aquella persona.
El chico comenzó a reírse porque no reconocía a esa persona.
-¿Quién eres?
-Soy Adam.
En ese instante Bruno no quiso saber nada mas, odiaba a Adam, si… él no era su mejor amigo, lo decidió en ese momento. Estaba borracho y tenia muchísimas ganas de decirle todo el rencor que le tenía acumulado, y por si fuera poco, Dana le lleno de rabia por su tonta respuesta.
-Vete a la mierda- dijo Bruno.
-¿Qué dices? Estas borracho ¿Quieres que te lleve a tu casa?- aquella fue la respuesta de Adam, que se encogió de hombros.
-¿Qué me lleves a tu casa? ¿Qué dices? Hijo de puta, mamón, gilipollas.- Bruno comenzó a insultar.
-Estas borracho, Bruno. Volvamos a tu casa.- cada vez Adam se empezaba a sentir peor por los insultos de Bruno.
-Yo amaba a Marian desde que la conocí y tú te la follas todas las noches ¿Contento?- confesó Bruno de forma borde, su mirada cambió radicalmente y observó el odio que le tenía hacía Adam.
Quien supuestamente era el mejor amigo de Bruno, pero dejo de serlo se mantuvo callado y no supo que decir, no se lo esperaba… es más, él recordaba que le pidió permiso para salir con Marian y él se lo dio. Tembló.

Bruno levantó el puño con agilidad y con fuerza, y con toda su potencia, le dio un puñetazo a Adam y después de aquel, le dio otro y así repetitivamente. Deseaba nunca parar y así parecía. Adam no respondía con ningún golpe.
Las lágrimas de Bruno caían sobre la cara de Adam. Él chico se dejaba ser golpeado a causa del shock.
Tuvieron que separarle unos chicos que estaban allí, estuvieron demasiado tiempo para observar y que la cara de Bruno fuese llenada de moratones.
Mientras le separaban, Bruno gritaba:
-¡Hijo de puta, tú te follabas a Marian y yo miraba!- estaba claro que no lo decía en serio, él nunca había visto como Adam y Marian hacían… bueno, ya sabéis
Llevaron a Bruno a dentro de la casa, le tumbaron en una de la cama de dueño de la casa. En ese momento odio al chico que montó aquella fiesta, si no hubiese ido no hubiese pasado las desgracias que hubiesen pasado.
Él se comenzó a sentir mejor, bajo por las escaleras cuando observó que aun había gente en la casa. Allí había unas chicas charlando. Bruno se acercó.
-¿Sabéis donde esta Dana?- preguntó Bruno, deseando que se fueran juntos a casa. Cuando él llegase a casa, sus padres le echarían una buena bronca por escaparse de casa e ir a aquella fiesta.
-¿Dana?- preguntó la primera chica.
-La chica de antes- contestó la segunda chica.
-Ella se ha ido a su casa- afirmo la primera chica.
La noche de Bruno no podía empeorar y encima estaba amaneciendo. Salió de su casa y comenzó a dirigirse al instituto con pensamientos de que iba a llegar tarde, seguía bastante ebrio, después de todo había bebido mucho, era sorprendente que no se cayese al suelo aun. El chico al llegar entró a la clase y directamente se desmayo como dije en el principio.

Así fue como Bruno llegó a su estado; ahora estaba tumbado en el suelo del aula desmayado delante de todos.

Capitulo 4 - Todo es perfecto

Estaba claro que en lo único que se preocupaba Adam era en su relación con Marian ¿Pero cómo empezó todo? Recordó y recordó y se acordó.
Como todas las mañanas, aquel martes él despertó a Bruno de su largo sueño. Y luego se fueron a clase antes de que empezara. Adam era un buen estudiante, por lo que no le importaba llegar tarde de vez en cuando.
Adam era un chico popular entre la gente, sobre todo entre las chicas. No había chica del instituto que no quisiese salir con él, aunque he exagerado un poco. Siempre estaba con alguna chica, y si no estaba con una… estaba con Marian. Él amaba a su novia más que a nada en el mundo, nunca le había sido infiel ni pensaba serlo.
Mientras se dirigía hacía el cuarto de baño, un grupo de chicos se le acercaron. El que parecía ser el líder se puso delante de él.
-Tío, mañana celebramos una fiesta ¿Quieres venir?- dijo aquel chico.
-¡Por supuesto!- Afirmó Adam elevando una leve sonrisa.
-Eres el alma de la fiesta, sin ti… ¡Estas fiestas no serían divertidas!- dijo otro del grupo con un tono de broma.
Tras aquella conversación se dirigió a clase. El chico estaba contento de que al día siguiente hubiese diversión. Le dieron la dirección de la casa donde sería aquella fiesta, por supuesto también habría alcohol. Era una pena que a Marian, su novia, no le permitiesen salir por las noches.
En el recreo, el grupo de siempre estaba charlando. Adam se preguntó que había hecho para juntarse con aquella gente… Bruno no era para nada popular, y mucho menos Andrés. Y Marian era popular porque estaba con él.
El día pasó rápidamente y al acabar hacía el instituto Bruno caminó junto a Adam hacía sus casas.
-Puedo comer hoy en tu casa- preguntó Bruno elevando una tonta sonrisa, tenía que conseguir que su mejor amigo aceptase su oferta.
-Claro… pero… ¿Por qué?- preguntó Adam.
-Ayer tuve una discusión con mi madre, no me hace demasiada gracia verla y comer con ella- confesó Bruno encogiéndose de hombros.
El tiempo se detuvo para los dos chicos que no tenían palabras en la boca, al menos Bruno no tenía ninguna, no le apetecía hablar sobre aquello.
Adam se encogió de hombros y no tardo en volver a sonreír como lo hacía siempre.
-¿Y por qué no te vas con tu novia?- preguntó.
-¿Dana?- preguntó Bruno- ella no es mi novia.
Adam siguió caminando junto a su amigo sin decir ni una sola palabra, apretó el puño, él odiaba el silencio. Siguió caminando sin importarle nada de gran importancia, solo quería mantener una conversación. Llegó hasta su casa.
Los dos chicos almorzaron juntos sin decir ni una palabra. Poco después Adam hecho a Bruno de su casa para que fuese a la suya, no podría estar allí por siempre. En cambio Bruno no lo pensaba de aquella manera.
Cuando su Bruno se fue de su casa, se tiro a la cama y comenzó a dormir.
El chico se despertó asombrado, apenas había dormido una hora y su móvil estaba soñando. Miro quien era el que le llamaba, era Marian, su novia. Le cogió el teléfono, ella no quería nada importante, solo quería avisarle de que se dirigía a su casa y estaría allí en media hora.
Y así fue como la pareja estaba encerrada en aquella habitación, liándose en aquella misma cama, y besándose.
Todo tuvo un principio, Adam se alegró de haber durado tanto tiempo con Marian. La miraba a los ojos y recordaba el día en el que la conoció, también recordaba el día en el que comenzaron a salir como novios.
Fue hace dos años. Estaba claro que Adam en aquella época era un chico despistado, Marian había recibido insultos y burlas ¿Por qué? El padre de Marian era un violador pedófilo, no podría haberlo dicho más claro. Por supuesto ella era víctima de los actos de su padre, con esto quiero decir que la joven le odiaba como nunca antes había odiado a otra persona, la gente pagaba el odio hacía su padre con ella.
Aquel día en el que comenzaron a salir estaba en el aula, todos se habían idos y ellos eran los únicos que quedaban.
-¿Estás bien?- preguntó Adam.
-¡No, no estoy bien!- se quejo Marian en aquel instante.- ¡No tengo a nadie!
Cuando ella acabo la frase, Adam dio su primer beso a aquella chica que se sentía frustrada y quería morir. Ella no hizo nada más que continuarlo, y lo demás os lo podéis imaginar, fue demasiado cursi como para describirlo.
Adam abrió los ojos y observó que Marian estaba encima suya desnuda. Los dos sentían placer por dentro, aunque el momento se hizo corto. Los dos chicos se tumbaron en la cama desnudos mientras se abrazaban. Adam recordaba todos los momentos que habían pasado juntos. También se alegraba de haber perdido la virginidad antes que Bruno, él seguía siendo virgen… era un “chico puro”, así lo llamaba Adam cuando se metía con él.
La vida no le podía ir mejor a Adam, tenia novia, buenas notas, amigos, dinero, era popular… ¿Qué mas podría tener o querer? El chico miró a Marian elevando una tonta sonrisa y Bruno le beso a ella de nuevo.
-¡Una segunda ronda!- dijo tontamente acercando sus manos a los pechos de Marian.
-¿Cómo?- Marian se sonrojo.

Una vida perfecta ¿Quién mas querría tenerla?

Capitulo 3 - Incumpliendo las normas sin querer hacerlo

Después de un largo domingo, llegó el lunes.
Bruno se sentía aburrido y solo, pero sabía que iba a ser un buen día, porque volvería a ver a Dana. Por supuesto, él tenía miedo de no verla ¿Por qué? Se suponía que él amaba a Marian, no a ella… ¿Qué le estaba pasando? Sus latidos del corazón latían con muchísima fuerza, pensaba en cada segundo en Dana.
-¡Chaval!-Dijo una voz.
Bruno abrió los ojos reconociendo la voz, estaba tumbado en la cama. Se encontró con la cara de Adam, su mejor amigo. Tembló al verla y dio un salto hacia delante.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Bruno.
-Te has quedado dormido y vas a llegar tarde a clase, parecías feliz mientras soñabas- dijo Adam mientras reía.
Bruno no dijo nada al respecto aquello.
Se vistió lo más rápido que pudo y los dos amigos se dirigieron hacía el instituto. Las clases habían empezado, y no era costumbre interrumpirla, pero lo hicieron.
Cuando la clase acabó, los dos amigos salieron del aula y se encontraron con Marian. Ella les miró elevando una sonrisa.
-¿Qué te paso el sábado, Bruno?- preguntó Marian encogiéndose de hombro.-Desapareciste durante el día entero.
-Nada…- Bruno no tenía respuestas para confesar el fantástico día que había ocurrido.
Andrés se unió a ellos al poco tiempo. Era la hora del recreo y se sentaban en un banco del patio del instituto. Los cuatros amigos charlaban y comentaban distintos temas, aunque Andrés no solía hablar mucho y Bruno le solía reír las gracias a Adam, aunque el chiste no tuviera ninguna gracia. Como todos los días, aquel día parecía ser bastante normal.
En ese instante, Dana se acerco a los chicos pidiendo paso y poniéndose en frente de Bruno.
-Bruno ¿Puedes venir conmigo un segundo?- preguntó la chica cogiéndole de la mano y levantándole del banco.
Los tres anónimos chicos no sabían quién era aquella chica, la miraron sorprendidos. Bruno acepto y se fue con Dana. Se sintió feliz al ver que ella fue a buscarle a aquel lugar.
-Ahora vengo- dijo Bruno dirigiéndose a Adam.
Corrió junto a Dana, hasta que se alejó de sus compañeros. Ahora solo estaban Dana y Bruno solos, como al chico le gustaba.
-Tu amigo es muy guapo- dijo Dana elevando una sonrisa tonta.
-¿Adam? Todas las chicas dicen lo mismo ¿Yo no soy guapo?- preguntó Bruno.
-Claro que lo eres, tonto.
Los dos chicos se pasaron charlando diez minutos, para resumir de lo que hablaron, fueron bastantes directos los dos; hablaron sobre su futuro, sobre lo que querían ser de mayores; Bruno afirmó que no le interesaba el futuro. También hablaron sobre las distintas personas de su alrededor; Dana confesó varios chicos que le atraían y si fuera posible los violaría, a Bruno le hizo reír aquella expresión.
-¿Por qué no escalamos la valla y nos vamos del instituto?- preguntó Dana con una sonrisa burlona.
-No podemos hacer eso- contestó Bruno encogiéndose de hombros, era cierto que se le había pasado aquella idea por la cabeza un milésimo de veces, pero nunca lo había hecho por miedo a que sus padres se enteraran de sus travesuras.
-¡Por favor, hay a una tienda  a la que quiero ir!- confesó Dana.
-Vale…
Y así fue como Bruno fue convencido para escaparse de la escuela e ir a tiendas a comprar. El chico no se preocupo por su material, solo quería estar con Dana pasase lo que pasase… ella era… ¿Qué era ella?
Escalaron la valla con facilidad, al parecer Dana tenía bastante practica en ello y lo había hecho muchísimas más veces, pero era la primera vez para el inocente Bruno. Tras conseguirlo se pusieron manos a la obra y se dirigieron a aquella tienda que estaba en el centro comercial.
Aquella tienda estaba llena de ropa para mujer. Era demasiado grande y había muchísimas chicas buscando su estilo entre aquellas ropas, que Bruno veía demasiado… ¿elegante?
Dana acabó de buscar entre distintas ropas y cogió las que más le gustaban. Se llevó a Bruno hasta el probador, y el chico comenzó a esperar delante mientras ella se cambiaba. Ella se cambió rápidamente, el primer vestido que se puso era de una tela verde transparente y corto, a Bruno no le gustaba nada. El segundo traje que se puso era un vestido blanco con puntos negros, él chico también vio el visto negativo. Y así, se probó miles de vestidos, algunos eran más bonitos que otros, o más feos…
Bruno estaba esperando a que su compañera saliese del probador, y así lo hizo; llevaba un precioso vestido de color azul, como el mar. Llevaba unas cintas alrededor del vestido. Era hermoso. Bruno se quedo sin palabras, no era que el elegante vestido era bonito, si no que, con los ojos de Dana y su hermoso pelo castaño relucía como nunca antes.
-Ese me gusta- confesó él.
-¿De verdad?- dijo Dana emocionada.
Tras aquella hora en el probador, compraron aquel vestido, era caro, pero Dana tenía el dinero. Bruno no se preguntó de dónde lo saco.
Mientras caminaban hacía el instituto para recuperar sus cosas, la chica miró hacía las blancas nubes elevando una sonrisa. Le costó sacar lo que quería decir, no sabía cómo decirlo y era extraño en ella.
-Hay una fiesta el miércoles por la noche… ¡Me encantaría que fuésemos juntos!- sonrió Dana.
-No puedo ir- confesó Bruno- es horario de instituto… mis padres no me dejan salir por la noche.
-¡Por favor!- Dana posó frente a él y le cogió sus dos manos mientras le miraba a los ojos. Bruno tembló al ver aquella mirada ¿Cómo decirle que no?
-Ya buscaré una escusa…- dijo Bruno mientras temblaba.
Al llegar a la puerta del instituto, estaba abierta para todos. El chico miró su reloj y ya eran las cuatro, el tiempo se había pasado volando. Elevó una tonta sonrisa al ver que Adam estaba en frente de él, parecía como si hubiese estado esperando con la mochila de Bruno. Se la tiro con fuerza y Bruno la cogió.
-¿En dónde has estado?- preguntó Adam.
Dana no dijo nada respecto aquel tema.
-Yo me voy ya… tengo mi mochila escondida en un arbusto.- Dana corrió hacía dentro del patio de la escuela para conseguir sus cosas. No salió.
-Verás… ¡Volvamos a casa!- Bruno sabía que su mejor amigo estaba enfadado, sabía que él se había escapado y cogió su mochila antes de que cerraran las aulas con llave, así podría Bruno podría tener sus pertenecías y volver a casas con ellas, sus padres no le harían preguntas. La única pregunta que le harían sería “¿Por qué has vuelto tan tarde?”.
-Te saltaste las clases y no me avisaste ¡Chaval, te admiro!
El joven chico tembló por como actuó Adam, miró a sus lados y no entendía lo que pasaba. Elevó una tonta sonrisa, siguió viendo que Dana no salía del instituto por lo que él puso camino a su casa siendo acompañado por Adam.
-¿Crees que mis padres lo sabrán?- preguntó.
-Claro que no- contestó Adam.

El chico se alegró de saber que el miércoles tendría una cita con Dana… él lo llamaría “cita ilegal”, porque se tendría que escapar de casa para ir a aquella fiesta. Nunca había ido a una fiesta, se preguntó cómo sería. 

sábado, 28 de septiembre de 2013

Capitulo 2 - Viviendo en una nube de algodón

Los padres de Bruno se decepcionaron al saber que sus notas bajaban cada segundo más rápido, no podían mencionar ni una sola palabra, estaban decepcionados. Bruno escuchaba sus quejas una y otra vez, ellos no paraban de hablar y regañar, aun así… ¿A él le importaba? Solo pensaba en una cosa, o mejor dicho, solo pensaba en la chica con la que se choco hacía tres días.
¿Por qué huyo? No lo entendía, podría haberle ayudado a recoger sus libretas caídas y pedirle su nombre… pero no lo uso, se limito a huir de la realidad.
Bruno creía que su vida iba a cambiar, pero no cambio en absoluto, cada segundo era más aburrida que el segundo anterior.
Cuando el sermón de los padres de Bruno acabó, dejaron que él se fuera a jugar a la calle con sus amigos, por su puesto aquel día estaría solo. Él no había tenido un buen día, no tenía ganas de estas con sus amigos, y mucho menos de ver a Adam, le estaba comenzando a odiar. Bruno seguía queriendo a Marian como si fuese su vida, pero apareció aquella chica… ¿Cómo se llamaría? Sus sentimientos se confundieron y él no sabía lo que quería.
-¿Mejor amigo? ¿En serio me pasa toda esta mierda a mi?- Se quejo el chico mientras caminaba por la calle- Todo el mundo está en mi contra.
Quiso gritar para que su rabia saliese hacía afuera, pero no podría porque la gente que había alrededor le tomaría como un loco… y esa era la cuestión, él estaba loco, o al menos eso quería creer. La locura recorría por sus venas, por eso quiso gritar y así lo hizo. Bruno gritó en medio de aquella calle, lo hizo con todas sus fuerzas llamando la atención de todas las personas que había a su alrededor. Cuando el chico se dio cuenta de que hizo el ridículo comenzó a correr con todas sus fuerzas.
Tras una larga recorrida llegó a un antiguo parque olvidado, aquel lugar estaba escondido entre muchos arbustos y árboles, estaba alejado de la ciudad. Se sentó frente a un columpio y tontamente comenzó a columpiarse. Una chica salió detrás de él, Bruno la reconoció, era la chica con la que choco.
Bruno no pudo decir nada, se quedo mudo y dejo de columpiarse. Se levantó del columpio y miró a aquella chica algo sorprendido.
-Me ha costado seguirte ¿Estás loco? Te pones a gritar en medio de la ciudad de esa manera… y encima hace tres días me tiraste todas mis libretas al suelo y no me ayudaste a recogerlas, saliste corriendo como has hecho ahora.
Bruno seguía estando mudo observando como la chica se acercaba a él, hasta posar cara a cara.
El chico creía que aquello era un sueño.
-¿Me escuchas?-Preguntó ella.
-Si- contestó Bruno algo insólito.
En ese instante que él habló, ella golpeo a la cara de Bruno con todas sus fuerzas dejándole una marca roja. El chico se sorprendió y se acaricio la mejilla donde le había sido golpeado.
-Eso es por lo del otro día. No me ayudaste a recoger mis libros, apenas te conozco, pero te odio.
-¿Cómo te llamas?-Preguntó Bruno de repente comenzando a mirar los ojos a la chica.
-¿Eh? ¡Te estoy regañando y tú me preguntas por mi nombre!-La chica comenzó a alterarse- ¿Estás loco?
-Solo quería saber tu nombre… aunque tienes razón, debo estar muy loco.
Ella no tenía más palabras en su boca, aparto la mirada y susurró su nombre. Bruno no lo escucho.
-¿Cómo?-Preguntó.
-Me llamo Dana…-Dijo ella ruborizándose.
Los dos se dieron sus nombres así sin más, Bruno siempre recordaría el nombre de aquella chica. Ni él mismo lo entendía, hasta hace unos días estaba enamorado de Marian… pero ella apareció y dejo de pensar en Marian por Dana, fue como un cambio, aun así, odiaba ver a Marian junto a su mejor amigo, Adam.
Ninguno de los dos chicos tenía otra cosa que hacer, por lo que comenzaron a caminar por aquel parque y lentamente volvieron a la ciudad en poco tiempo. Fue uno de los momentos más felices de Bruno.
Anocheció rápidamente.
Bruno había olvidado que era sábado, pero eso no le hizo reaccionar de otra manera distinta. No cogió ninguna llamada de su teléfono móvil, sabría que si las cogía le traerían problemas. Las miraba cada diez minutos y su madre la llamaba, y luego empezó a llamarle Adam.
Eran las once de la noche y aun no volvió a casa, no le extrañaba que sus padres estuvieran preocupados, también su mejor amigo Adam.
Dana invitó a Bruno a cenar a su casa, y allí estaban ellos dos. Cenando. Bruno tuvo la mejor oportunidad de todas las que había para conocer a la familia de Dana, al menos eso decía ella. Poco después se fueron al cuarto de ella.
Dana se tiró sobre la cama embozando una sonrisa, Bruno se sentó en una silla que había al lado de la ventana.
-Es grande tu habitación- dijo.
-Eso dice la gente… ¿Cómo es tu habitación?- preguntó Dana.
-Pequeña… -contestó Bruno encogiéndose de hombros.
-Qué pena.
Bruno estuvo observando el cuarto con la mirada, en una estantería estaba llena de libros de literatura, por lo que dedujo que a la muchacha le gustaba leer. Siguió mirando y observó varios poster de música de distintos grupos de rock pegados en la pared.
-¿Cuál es la contraseña?- preguntó Dana.
Bruno se giró para observar a su nueva amiga, tenía algo entre las manos… era su móvil ¿Cuándo lo había cogido? Él no lo recordaba y gracias a dios, su teléfono estaba protegido por una contraseña. El chico se mantuvo en silencio, no le iba a decir la clave.
-Vale, vale… si no me la quieres decir, al menos dime quiénes son tus amigos…-volvió a decir la chica.
Bruno recordó que tenia de fondo de pantalla una foto donde salía él y sus amigos; Marian, Andrés y Adam. Por desgracia podría observar la foto aunque el móvil estuviese bloqueado con contraseña.
-Pues son… mis amigos… espera, no… ellos no son mis amigos- dijo Bruno mientras dudaba y encogía de hombros.
Se levantó de la silla y le quito el teléfono a Dana de las manos.
-Creo que me tengo que ir ya…
-¿Nos veremos el lunes?- preguntó ella levantándose de la cama y cogiéndole de las manos.
-Claro.

Bruno se sintió feliz, elevó una tonta sonrisa. Él sabía que cuando llegase a casa era sonrisa se le iba a ir, porque posiblemente sus padres estaban enfadados porque llegó tarde a casa. Aun así, a Bruno le daba igual, aquel día iba a tener dulces sueños.

Capitulo 1 - El día que él se enamoró

Así fue como Bruno consiguió entrar a la prestigiosa escuela de arte de todo el país; hizo los exámenes de admisión; estuvo todo el verano estudiando, pensaba que de aquella manera estaba perdiendo sus derechos de algún modo. Nunca se arrepintió de entrar a Bakanschool, allí conoció a Marian y al poco tiempo se enamoró de ella.
Que mala noticia fue para Bruno enterarse de que su mejor amigo, Adam, comenzó a salir con Marian. El chico se comenzó a deprimir, pero no era una tan mala y cruel noticia… sus dos mejores amigos estaban bien y felices ¿No? ¿Para qué deprimirse por un tonto sentimiento? Si retrocedemos hasta el día que Adam y Marian comenzaron a salir, podríamos ver como Bruno se encerró en su cuarto y se tiró tres días llorando. Su hermana Gala, que tenía dos años más que él, le animo y le dio consejos en el amor.
Bruno siempre fue un chico que sacaba buenas notas. Era un joven querido por su familia y por sus amigos, también era querido por los amigos de sus amigos. Por su puesto, él también tenía sus enemigos. Retrocedamos tres años atrás, imaginaos a un chico rubio de ojos azules; Gabriel. Ahora imaginaros un parque, varios columpios y un tobogán. Bruno tenía trece años cuando conoció a su primer enemigo, el rubio se acercó con una tonta sonrisa y pasó su codo por su nuca agarrándole.
-¿Cómo estás, Bruno?-Preguntó Gabriel.
Bruno se levantó bruscamente y le miró mal, se dio la vuelta y caminó para salir del parque. Bruno quería ignorar a Gabriel, no quería tener amigos como él. Para entender esta reacción tendríamos que retroceder un año hacía atrás, pero lo explicare; Bruno estaba enamorado de una chica, él se intentó acercar a ella para ser su amigo… pero ella era la típica chica popular a la que todos querían, era… la hermana de Gabriel; Naomi. Gabriel y sus secuaces pegaron una paliza al inocente muchacho porque había intentado entablar una relación de amistad con Naomi
Bruno decidió ignorar a Gabriel, aunque él se arrepintió de la paliza que le dio, al parecer Naomi se enfadó con su hermano.
En resumen; Gabriel le pegó una paliza a Bruno, Naomi  regañó a Gabriel y quiso ser amigo de Bruno para pedirle perdón, pero Bruno decidió ignorarle por miedo y para Gabriel aquello fue una declaración de guerra.
Volviendo a la actualidad.
Bruno siempre se solía juntar con la misma pandilla de amigos. Marian, Adam y el poco conocido Andrés. Nadie sabía nada del chico que ha sido nombrado el ultimo, nada de nada. Antes de que nadie quisiera darse cuenta, él al llegar a Bakanschool se hizo amigo de Adam y así se unió al grupo.
Por cierto… ¿No os parece ridículo el nombre de Bakanschool? Porque a Bruno si le parecía ridículo, tan horrible nombre para una gran y prestigiosa escuela donde podrías participar en las actividades que deseases. Por supuesto Bruno no estaba apuntado a ninguna actividad, era distinto a sus amigos. Marian estaba apuntada a teatro, al igual que Adam. En cambio, Andrés estaba apuntado al equipo de futbol. Nunca antes se había visto a un jugador tan apasionado como aquel chico.
Llegó al cuarto de baño, tras hacer sus necesidades, porque él era humano y también tenía necesidades, se miró al espejo. Pensó que él era diferente a todo el mundo, que era rechazado, que no podría hacer nada en su vida… en realidad, no se esforzaba en hacer nada.
-Te he estado buscando, chaval ¿Estás bien?-Dijo Adam entrando por la puerta, elevando una gran sonrisa. Él tenía la gran manía de sonreír siempre, también tenía la manía de llamar “chaval” a todas las personas existentes de la tierra, a todas menos a Marian.
-Creo que estoy enfermo-Bruno dijo la primera excusa que se le paso por la mente.
En ese instante los dos chicos se miraron detenidamente y soltaron una gran carcajada.
-¿Sabes que no te creo?-Le contestó Adam.
-Lo sé-Añadió Bruno encogiéndose de hombros.
Los dos amigos se conocían de maravilla, excepto por un pequeño detalle. Adam aun no se había dado cuenta de que Bruno estaba enamorado de su novia, nunca se daría cuenta ¿Verdad? Adam era demasiado inocente, sabía que su amigo tenía problemas, pero no sabía cuáles.
Así fue como los dos amigos salieron del baño y volvieron a clase.
El peor momento del día era cuando los cuatro amigos se encerraban en el sótano de la casa de Bruno, y él tenía que observar como Adam y Marian se liaban en el sofá, como se comían la boca apasionadamente. Era un sentimiento horrible por el que pasaba por la mente de aquel chico, quería morirse, que la tierra se destruyese de una explosión, también de que la Tercera Guerra Mundial estallase de una vez por todas… pero… ¡Que parasen de besarse!
En muchos otros momentos, los cuatro amigos se pasaban jugando a la videoconsola y así se pasaban el día entero.
Cada día que pasaba, cada hora, cada minuto, cada segundo, cada momento que pasaba era aún peor que el anterior. Bruno deseaba pedirle consejo a su hermana Gala, pero por desgracia ella había cumplido los dieciocho años y se había independizado con su novio. Él pensaba que ella era demasiado joven para irse de casa… aun así, Bruno también ansiaba irse de su hogar y explorar lugares nuevos.
Si retrocedemos dos años atrás en el tiempo, podremos recordar una escena donde Adam y Bruno tuvieron una pequeña conversación. Estaban los dos en el sótano donde estaban siempre.
-Me gusta Marian- Susurró Adam.
-¿Qué?- Preguntó Bruno horrorizado por escuchar aquella declaración, aunque claramente no era para él.
-Quería asegurarme de que a ti no te gusta ni nada de eso… ¡Ya sabes! Quiero que me des tu aprobación para que salgamos juntos, no quiero que sufras cuando nos veas besarnos.
-Claro que podéis salir juntos. Dices muchas tonterías- Por supuesto en ese momento Bruno mintió y se moría de rabia por dentro.
Bruno se arrepentía de haber dicho aquellas palabras en aquel momento. Habían pasado dos años desde aquel entonces, dos años desde que la pesadilla empeoró. El amor no era su único problema, sus notas comenzaron a bajar y en aquel momento Bruno dejó el club de baloncesto. Él jugaba ha baloncesto, era su pasión. Lo tuvo que dejar por culpa de su enemigo, Gabriel invadió su terreno.
¿Qué hacer frente a tu mejor amigo besando a la chica que amas? ¿Cómo actuar con un chico que te odia siempre intentando hincarte un puñal por la espalda y algunas veces por el pecho?
Aquel día fue como todos. Bruno se sentía mal de nuevo en la cama, pensó que lo mejor sería meterse en la cama y no salir nunca, y era lo mejor. Cerró los ojos e imagino que estaba tumbado en un prado verde, tumbado encima de la hierba verde observando las hermosas estrellas que relucían en el cielo. Incluso las estrellas seguían brillando después de desaparecer, y él quiso ser una de esas, ser una estrella.
Al despertarse al día siguiente se sintió como nuevo, se vistió como se solía vestir siempre y se dirigió al instituto. Todos los días venía Adam y Andrés a recogerle en bicicleta y directamente se dirigían al instituto.
Bruno corría hacía clase de literatura, llegaba tarde y la profesora enfadada no era demasiado agradable con los chicos que llegaban tarde. En ese instante chocó contra alguien, si, era el típico momento que chocas, se caen sus cosas al suelo, las recoges… pero aquel instante fue diferente. Los libros de aquella chica se cayeron, Bruno no se agacho a recogerlos y ayudarla, se limito a mirar los ojos azules de la chica. Tembló. Antes de que nada volviese a ocurrir, volvió a salir corriendo mientras se sonrojaba. Él supo que su vida cambiaría