sábado, 28 de septiembre de 2013

Capitulo 2 - Viviendo en una nube de algodón

Los padres de Bruno se decepcionaron al saber que sus notas bajaban cada segundo más rápido, no podían mencionar ni una sola palabra, estaban decepcionados. Bruno escuchaba sus quejas una y otra vez, ellos no paraban de hablar y regañar, aun así… ¿A él le importaba? Solo pensaba en una cosa, o mejor dicho, solo pensaba en la chica con la que se choco hacía tres días.
¿Por qué huyo? No lo entendía, podría haberle ayudado a recoger sus libretas caídas y pedirle su nombre… pero no lo uso, se limito a huir de la realidad.
Bruno creía que su vida iba a cambiar, pero no cambio en absoluto, cada segundo era más aburrida que el segundo anterior.
Cuando el sermón de los padres de Bruno acabó, dejaron que él se fuera a jugar a la calle con sus amigos, por su puesto aquel día estaría solo. Él no había tenido un buen día, no tenía ganas de estas con sus amigos, y mucho menos de ver a Adam, le estaba comenzando a odiar. Bruno seguía queriendo a Marian como si fuese su vida, pero apareció aquella chica… ¿Cómo se llamaría? Sus sentimientos se confundieron y él no sabía lo que quería.
-¿Mejor amigo? ¿En serio me pasa toda esta mierda a mi?- Se quejo el chico mientras caminaba por la calle- Todo el mundo está en mi contra.
Quiso gritar para que su rabia saliese hacía afuera, pero no podría porque la gente que había alrededor le tomaría como un loco… y esa era la cuestión, él estaba loco, o al menos eso quería creer. La locura recorría por sus venas, por eso quiso gritar y así lo hizo. Bruno gritó en medio de aquella calle, lo hizo con todas sus fuerzas llamando la atención de todas las personas que había a su alrededor. Cuando el chico se dio cuenta de que hizo el ridículo comenzó a correr con todas sus fuerzas.
Tras una larga recorrida llegó a un antiguo parque olvidado, aquel lugar estaba escondido entre muchos arbustos y árboles, estaba alejado de la ciudad. Se sentó frente a un columpio y tontamente comenzó a columpiarse. Una chica salió detrás de él, Bruno la reconoció, era la chica con la que choco.
Bruno no pudo decir nada, se quedo mudo y dejo de columpiarse. Se levantó del columpio y miró a aquella chica algo sorprendido.
-Me ha costado seguirte ¿Estás loco? Te pones a gritar en medio de la ciudad de esa manera… y encima hace tres días me tiraste todas mis libretas al suelo y no me ayudaste a recogerlas, saliste corriendo como has hecho ahora.
Bruno seguía estando mudo observando como la chica se acercaba a él, hasta posar cara a cara.
El chico creía que aquello era un sueño.
-¿Me escuchas?-Preguntó ella.
-Si- contestó Bruno algo insólito.
En ese instante que él habló, ella golpeo a la cara de Bruno con todas sus fuerzas dejándole una marca roja. El chico se sorprendió y se acaricio la mejilla donde le había sido golpeado.
-Eso es por lo del otro día. No me ayudaste a recoger mis libros, apenas te conozco, pero te odio.
-¿Cómo te llamas?-Preguntó Bruno de repente comenzando a mirar los ojos a la chica.
-¿Eh? ¡Te estoy regañando y tú me preguntas por mi nombre!-La chica comenzó a alterarse- ¿Estás loco?
-Solo quería saber tu nombre… aunque tienes razón, debo estar muy loco.
Ella no tenía más palabras en su boca, aparto la mirada y susurró su nombre. Bruno no lo escucho.
-¿Cómo?-Preguntó.
-Me llamo Dana…-Dijo ella ruborizándose.
Los dos se dieron sus nombres así sin más, Bruno siempre recordaría el nombre de aquella chica. Ni él mismo lo entendía, hasta hace unos días estaba enamorado de Marian… pero ella apareció y dejo de pensar en Marian por Dana, fue como un cambio, aun así, odiaba ver a Marian junto a su mejor amigo, Adam.
Ninguno de los dos chicos tenía otra cosa que hacer, por lo que comenzaron a caminar por aquel parque y lentamente volvieron a la ciudad en poco tiempo. Fue uno de los momentos más felices de Bruno.
Anocheció rápidamente.
Bruno había olvidado que era sábado, pero eso no le hizo reaccionar de otra manera distinta. No cogió ninguna llamada de su teléfono móvil, sabría que si las cogía le traerían problemas. Las miraba cada diez minutos y su madre la llamaba, y luego empezó a llamarle Adam.
Eran las once de la noche y aun no volvió a casa, no le extrañaba que sus padres estuvieran preocupados, también su mejor amigo Adam.
Dana invitó a Bruno a cenar a su casa, y allí estaban ellos dos. Cenando. Bruno tuvo la mejor oportunidad de todas las que había para conocer a la familia de Dana, al menos eso decía ella. Poco después se fueron al cuarto de ella.
Dana se tiró sobre la cama embozando una sonrisa, Bruno se sentó en una silla que había al lado de la ventana.
-Es grande tu habitación- dijo.
-Eso dice la gente… ¿Cómo es tu habitación?- preguntó Dana.
-Pequeña… -contestó Bruno encogiéndose de hombros.
-Qué pena.
Bruno estuvo observando el cuarto con la mirada, en una estantería estaba llena de libros de literatura, por lo que dedujo que a la muchacha le gustaba leer. Siguió mirando y observó varios poster de música de distintos grupos de rock pegados en la pared.
-¿Cuál es la contraseña?- preguntó Dana.
Bruno se giró para observar a su nueva amiga, tenía algo entre las manos… era su móvil ¿Cuándo lo había cogido? Él no lo recordaba y gracias a dios, su teléfono estaba protegido por una contraseña. El chico se mantuvo en silencio, no le iba a decir la clave.
-Vale, vale… si no me la quieres decir, al menos dime quiénes son tus amigos…-volvió a decir la chica.
Bruno recordó que tenia de fondo de pantalla una foto donde salía él y sus amigos; Marian, Andrés y Adam. Por desgracia podría observar la foto aunque el móvil estuviese bloqueado con contraseña.
-Pues son… mis amigos… espera, no… ellos no son mis amigos- dijo Bruno mientras dudaba y encogía de hombros.
Se levantó de la silla y le quito el teléfono a Dana de las manos.
-Creo que me tengo que ir ya…
-¿Nos veremos el lunes?- preguntó ella levantándose de la cama y cogiéndole de las manos.
-Claro.

Bruno se sintió feliz, elevó una tonta sonrisa. Él sabía que cuando llegase a casa era sonrisa se le iba a ir, porque posiblemente sus padres estaban enfadados porque llegó tarde a casa. Aun así, a Bruno le daba igual, aquel día iba a tener dulces sueños.

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