Los padres de Bruno se decepcionaron al saber que
sus notas bajaban cada segundo más rápido, no podían mencionar ni una sola
palabra, estaban decepcionados. Bruno escuchaba sus quejas una y otra vez,
ellos no paraban de hablar y regañar, aun así… ¿A él le importaba? Solo pensaba
en una cosa, o mejor dicho, solo pensaba en la chica con la que se choco hacía
tres días.
¿Por qué huyo? No lo entendía, podría haberle
ayudado a recoger sus libretas caídas y pedirle su nombre… pero no lo uso, se
limito a huir de la realidad.
Bruno creía que su vida iba a cambiar, pero no
cambio en absoluto, cada segundo era más aburrida que el segundo anterior.
Cuando el sermón de los padres de Bruno acabó,
dejaron que él se fuera a jugar a la calle con sus amigos, por su puesto aquel
día estaría solo. Él no había tenido un buen día, no tenía ganas de estas con
sus amigos, y mucho menos de ver a Adam, le estaba comenzando a odiar. Bruno
seguía queriendo a Marian como si fuese su vida, pero apareció aquella chica…
¿Cómo se llamaría? Sus sentimientos se confundieron y él no sabía lo que
quería.
-¿Mejor amigo? ¿En serio me pasa toda esta mierda a
mi?- Se quejo el chico mientras caminaba por la calle- Todo el mundo está en mi
contra.
Quiso gritar para que su rabia saliese hacía
afuera, pero no podría porque la gente que había alrededor le tomaría como un
loco… y esa era la cuestión, él estaba loco, o al menos eso quería creer. La
locura recorría por sus venas, por eso quiso gritar y así lo hizo. Bruno gritó
en medio de aquella calle, lo hizo con todas sus fuerzas llamando la atención
de todas las personas que había a su alrededor. Cuando el chico se dio cuenta
de que hizo el ridículo comenzó a correr con todas sus fuerzas.
Tras una larga recorrida llegó a un antiguo parque
olvidado, aquel lugar estaba escondido entre muchos arbustos y árboles, estaba
alejado de la ciudad. Se sentó frente a un columpio y tontamente comenzó a
columpiarse. Una chica salió detrás de él, Bruno la reconoció, era la chica con
la que choco.
Bruno no pudo decir nada, se quedo mudo y dejo de
columpiarse. Se levantó del columpio y miró a aquella chica algo sorprendido.
-Me ha costado seguirte ¿Estás loco? Te pones a
gritar en medio de la ciudad de esa manera… y encima hace tres días me tiraste
todas mis libretas al suelo y no me ayudaste a recogerlas, saliste corriendo
como has hecho ahora.
Bruno seguía estando mudo observando como la chica
se acercaba a él, hasta posar cara a cara.
El chico creía que aquello era un sueño.
-¿Me escuchas?-Preguntó ella.
-Si- contestó Bruno algo insólito.
En ese instante que él habló, ella golpeo a la cara
de Bruno con todas sus fuerzas dejándole una marca roja. El chico se sorprendió
y se acaricio la mejilla donde le había sido golpeado.
-Eso es por lo del otro día. No me ayudaste a
recoger mis libros, apenas te conozco, pero te odio.
-¿Cómo te llamas?-Preguntó Bruno de repente
comenzando a mirar los ojos a la chica.
-¿Eh? ¡Te estoy regañando y tú me preguntas por mi
nombre!-La chica comenzó a alterarse- ¿Estás loco?
-Solo quería saber tu nombre… aunque tienes razón,
debo estar muy loco.
Ella no tenía más palabras en su boca, aparto la
mirada y susurró su nombre. Bruno no lo escucho.
-¿Cómo?-Preguntó.
-Me llamo Dana…-Dijo ella ruborizándose.
Los dos se dieron sus nombres así sin más, Bruno
siempre recordaría el nombre de aquella chica. Ni él mismo lo entendía, hasta
hace unos días estaba enamorado de Marian… pero ella apareció y dejo de pensar
en Marian por Dana, fue como un cambio, aun así, odiaba ver a Marian junto a su
mejor amigo, Adam.
Ninguno de los dos chicos tenía otra cosa que
hacer, por lo que comenzaron a caminar por aquel parque y lentamente volvieron
a la ciudad en poco tiempo. Fue uno de los momentos más felices de Bruno.
Anocheció rápidamente.
Bruno había olvidado que era sábado, pero eso no le
hizo reaccionar de otra manera distinta. No cogió ninguna llamada de su teléfono
móvil, sabría que si las cogía le traerían problemas. Las miraba cada diez
minutos y su madre la llamaba, y luego empezó a llamarle Adam.
Eran las once de la noche y aun no volvió a casa,
no le extrañaba que sus padres estuvieran preocupados, también su mejor amigo
Adam.
Dana invitó a Bruno a cenar a su casa, y allí
estaban ellos dos. Cenando. Bruno tuvo la mejor oportunidad de todas las que
había para conocer a la familia de Dana, al menos eso decía ella. Poco después
se fueron al cuarto de ella.
Dana se tiró sobre la cama embozando una sonrisa,
Bruno se sentó en una silla que había al lado de la ventana.
-Es grande tu habitación- dijo.
-Eso dice la gente… ¿Cómo es tu habitación?-
preguntó Dana.
-Pequeña… -contestó Bruno encogiéndose de hombros.
-Qué pena.
Bruno estuvo observando el cuarto con la mirada, en
una estantería estaba llena de libros de literatura, por lo que dedujo que a la muchacha le gustaba leer. Siguió mirando y observó varios poster de música de
distintos grupos de rock pegados en la pared.
-¿Cuál es la contraseña?- preguntó Dana.
Bruno se giró para observar a su nueva amiga, tenía
algo entre las manos… era su móvil ¿Cuándo lo había cogido? Él no lo recordaba
y gracias a dios, su teléfono estaba protegido por una contraseña. El chico se
mantuvo en silencio, no le iba a decir la clave.
-Vale, vale… si no me la quieres decir, al menos
dime quiénes son tus amigos…-volvió a decir la chica.
Bruno recordó que tenia de fondo de pantalla una
foto donde salía él y sus amigos; Marian, Andrés y Adam. Por desgracia podría
observar la foto aunque el móvil estuviese bloqueado con contraseña.
-Pues son… mis amigos… espera, no… ellos no son mis
amigos- dijo Bruno mientras dudaba y encogía de hombros.
Se levantó de la silla y le quito el teléfono a Dana
de las manos.
-Creo que me tengo que ir ya…
-¿Nos veremos el lunes?- preguntó ella levantándose
de la cama y cogiéndole de las manos.
-Claro.
Bruno se sintió feliz, elevó una tonta sonrisa. Él
sabía que cuando llegase a casa era sonrisa se le iba a ir, porque posiblemente
sus padres estaban enfadados porque llegó tarde a casa. Aun así, a Bruno le
daba igual, aquel día iba a tener dulces sueños.
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