Estaba claro que en lo único que se preocupaba Adam
era en su relación con Marian ¿Pero cómo empezó todo? Recordó y recordó y se
acordó.
Como todas las mañanas, aquel martes él despertó a
Bruno de su largo sueño. Y luego se fueron a clase antes de que empezara. Adam
era un buen estudiante, por lo que no le importaba llegar tarde de vez en
cuando.
Adam era un chico popular entre la gente, sobre
todo entre las chicas. No había chica del instituto que no quisiese salir con
él, aunque he exagerado un poco. Siempre estaba con alguna chica, y si no
estaba con una… estaba con Marian. Él amaba a su novia más que a nada en el
mundo, nunca le había sido infiel ni pensaba serlo.
Mientras se dirigía hacía el cuarto de baño, un
grupo de chicos se le acercaron. El que parecía ser el líder se puso delante de
él.
-Tío, mañana celebramos una fiesta ¿Quieres venir?-
dijo aquel chico.
-¡Por supuesto!- Afirmó Adam elevando una leve
sonrisa.
-Eres el alma de la fiesta, sin ti… ¡Estas fiestas
no serían divertidas!- dijo otro del grupo con un tono de broma.
Tras aquella conversación se dirigió a clase. El
chico estaba contento de que al día siguiente hubiese diversión. Le dieron la
dirección de la casa donde sería aquella fiesta, por supuesto también habría
alcohol. Era una pena que a Marian, su novia, no le permitiesen salir por las
noches.
En el recreo, el grupo de siempre estaba charlando.
Adam se preguntó que había hecho para juntarse con aquella gente… Bruno no era
para nada popular, y mucho menos Andrés. Y Marian era popular porque estaba con
él.
El día pasó rápidamente y al acabar hacía el instituto
Bruno caminó junto a Adam hacía sus casas.
-Puedo comer hoy en tu casa- preguntó Bruno
elevando una tonta sonrisa, tenía que conseguir que su mejor amigo aceptase su
oferta.
-Claro… pero… ¿Por qué?- preguntó Adam.
-Ayer tuve una discusión con mi madre, no me hace
demasiada gracia verla y comer con ella- confesó Bruno encogiéndose de hombros.
El tiempo se detuvo para los dos chicos que no tenían
palabras en la boca, al menos Bruno no tenía ninguna, no le apetecía hablar
sobre aquello.
Adam se encogió de hombros y no tardo en volver a sonreír
como lo hacía siempre.
-¿Y por qué no te vas con tu novia?- preguntó.
-¿Dana?- preguntó Bruno- ella no es mi novia.
Adam siguió caminando junto a su amigo sin decir ni
una sola palabra, apretó el puño, él odiaba el silencio. Siguió caminando sin
importarle nada de gran importancia, solo quería mantener una conversación.
Llegó hasta su casa.
Los dos chicos almorzaron juntos sin decir ni una
palabra. Poco después Adam hecho a Bruno de su casa para que fuese a la suya,
no podría estar allí por siempre. En cambio Bruno no lo pensaba de aquella
manera.
Cuando su Bruno se fue de su casa, se tiro a la
cama y comenzó a dormir.
El chico se despertó asombrado, apenas había
dormido una hora y su móvil estaba soñando. Miro quien era el que le llamaba,
era Marian, su novia. Le cogió el teléfono, ella no quería nada importante,
solo quería avisarle de que se dirigía a su casa y estaría allí en media hora.
Y así fue como la pareja estaba encerrada en
aquella habitación, liándose en aquella misma cama, y besándose.
Todo tuvo un principio, Adam se alegró de haber
durado tanto tiempo con Marian. La miraba a los ojos y recordaba el día en el
que la conoció, también recordaba el día en el que comenzaron a salir como
novios.
Fue hace dos años. Estaba claro que Adam en aquella
época era un chico despistado, Marian había recibido insultos y burlas ¿Por qué?
El padre de Marian era un violador pedófilo, no podría haberlo dicho más claro.
Por supuesto ella era víctima de los actos de su padre, con esto quiero decir
que la joven le odiaba como nunca antes había odiado a otra persona, la gente
pagaba el odio hacía su padre con ella.
Aquel día en el que comenzaron a salir estaba en el
aula, todos se habían idos y ellos eran los únicos que quedaban.
-¿Estás bien?- preguntó Adam.
-¡No, no estoy bien!- se quejo Marian en aquel
instante.- ¡No tengo a nadie!
Cuando ella acabo la frase, Adam dio su primer beso
a aquella chica que se sentía frustrada y quería morir. Ella no hizo nada más
que continuarlo, y lo demás os lo podéis imaginar, fue demasiado cursi como
para describirlo.
Adam abrió los ojos y observó que Marian estaba
encima suya desnuda. Los dos sentían placer por dentro, aunque el momento se
hizo corto. Los dos chicos se tumbaron en la cama desnudos mientras se abrazaban.
Adam recordaba todos los momentos que habían pasado juntos. También se alegraba
de haber perdido la virginidad antes que Bruno, él seguía siendo virgen… era un
“chico puro”, así lo llamaba Adam cuando se metía con él.
La vida no le podía ir mejor a Adam, tenia novia,
buenas notas, amigos, dinero, era popular… ¿Qué mas podría tener o querer? El
chico miró a Marian elevando una tonta sonrisa y Bruno le beso a ella de nuevo.
-¡Una segunda ronda!- dijo tontamente acercando sus
manos a los pechos de Marian.
-¿Cómo?- Marian se sonrojo.
Una vida perfecta ¿Quién mas querría tenerla?
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