Después de un largo domingo, llegó el lunes.
Bruno se sentía aburrido y solo, pero sabía que iba
a ser un buen día, porque volvería a ver a Dana. Por supuesto, él tenía miedo
de no verla ¿Por qué? Se suponía que él amaba a Marian, no a ella… ¿Qué le
estaba pasando? Sus latidos del corazón latían con muchísima fuerza, pensaba en
cada segundo en Dana.
-¡Chaval!-Dijo una voz.
Bruno abrió los ojos reconociendo la voz, estaba
tumbado en la cama. Se encontró con la cara de Adam, su mejor amigo. Tembló al
verla y dio un salto hacia delante.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Bruno.
-Te has quedado dormido y vas a llegar tarde a
clase, parecías feliz mientras soñabas- dijo Adam mientras reía.
Bruno no dijo nada al respecto aquello.
Se vistió lo más rápido que pudo y los dos amigos
se dirigieron hacía el instituto. Las clases habían empezado, y no era
costumbre interrumpirla, pero lo hicieron.
Cuando la clase acabó, los dos amigos salieron del
aula y se encontraron con Marian. Ella les miró elevando una sonrisa.
-¿Qué te paso el sábado, Bruno?- preguntó Marian encogiéndose
de hombro.-Desapareciste durante el día entero.
-Nada…- Bruno no tenía respuestas para confesar el fantástico
día que había ocurrido.
Andrés se unió a ellos al poco tiempo. Era la hora
del recreo y se sentaban en un banco del patio del instituto. Los cuatros
amigos charlaban y comentaban distintos temas, aunque Andrés no solía hablar
mucho y Bruno le solía reír las gracias a Adam, aunque el chiste no tuviera
ninguna gracia. Como todos los días, aquel día parecía ser bastante normal.
En ese instante, Dana se acerco a los chicos
pidiendo paso y poniéndose en frente de Bruno.
-Bruno ¿Puedes venir conmigo un segundo?- preguntó
la chica cogiéndole de la mano y levantándole del banco.
Los tres anónimos chicos no sabían quién era
aquella chica, la miraron sorprendidos. Bruno acepto y se fue con Dana. Se
sintió feliz al ver que ella fue a buscarle a aquel lugar.
-Ahora vengo- dijo Bruno dirigiéndose a Adam.
Corrió junto a Dana, hasta que se alejó de sus
compañeros. Ahora solo estaban Dana y Bruno solos, como al chico le gustaba.
-Tu amigo es muy guapo- dijo Dana elevando una
sonrisa tonta.
-¿Adam? Todas las chicas dicen lo mismo ¿Yo no soy
guapo?- preguntó Bruno.
-Claro que lo eres, tonto.
Los dos chicos se pasaron charlando diez minutos,
para resumir de lo que hablaron, fueron bastantes directos los dos; hablaron
sobre su futuro, sobre lo que querían ser de mayores; Bruno afirmó que no le
interesaba el futuro. También hablaron sobre las distintas personas de su
alrededor; Dana confesó varios chicos que le atraían y si fuera posible los violaría,
a Bruno le hizo reír aquella expresión.
-¿Por qué no escalamos la valla y nos vamos del
instituto?- preguntó Dana con una sonrisa burlona.
-No podemos hacer eso- contestó Bruno encogiéndose de
hombros, era cierto que se le había pasado aquella idea por la cabeza un milésimo
de veces, pero nunca lo había hecho por miedo a que sus padres se enteraran de
sus travesuras.
-¡Por favor, hay a una tienda a la que quiero ir!- confesó Dana.
-Vale…
Y así fue como Bruno fue convencido para escaparse
de la escuela e ir a tiendas a comprar. El chico no se preocupo por su
material, solo quería estar con Dana pasase lo que pasase… ella era… ¿Qué era
ella?
Escalaron la valla con facilidad, al parecer Dana tenía
bastante practica en ello y lo había hecho muchísimas más veces, pero era la
primera vez para el inocente Bruno. Tras conseguirlo se pusieron manos a la
obra y se dirigieron a aquella tienda que estaba en el centro comercial.
Aquella tienda estaba llena de ropa para mujer. Era
demasiado grande y había muchísimas chicas buscando su estilo entre aquellas
ropas, que Bruno veía demasiado… ¿elegante?
Dana acabó de buscar entre distintas ropas y cogió
las que más le gustaban. Se llevó a Bruno hasta el probador, y el chico comenzó
a esperar delante mientras ella se cambiaba. Ella se cambió rápidamente, el
primer vestido que se puso era de una tela verde transparente y corto, a Bruno
no le gustaba nada. El segundo traje que se puso era un vestido blanco con
puntos negros, él chico también vio el visto negativo. Y así, se probó miles de
vestidos, algunos eran más bonitos que otros, o más feos…
Bruno estaba esperando a que su compañera saliese
del probador, y así lo hizo; llevaba un precioso vestido de color azul, como el
mar. Llevaba unas cintas alrededor del vestido. Era hermoso. Bruno se quedo sin
palabras, no era que el elegante vestido era bonito, si no que, con los ojos de
Dana y su hermoso pelo castaño relucía como nunca antes.
-Ese me gusta- confesó él.
-¿De verdad?- dijo Dana emocionada.
Tras aquella hora en el probador, compraron aquel
vestido, era caro, pero Dana tenía el dinero. Bruno no se preguntó de dónde lo
saco.
Mientras caminaban hacía el instituto para recuperar
sus cosas, la chica miró hacía las blancas nubes elevando una sonrisa. Le costó
sacar lo que quería decir, no sabía cómo decirlo y era extraño en ella.
-Hay una fiesta el miércoles por la noche… ¡Me
encantaría que fuésemos juntos!- sonrió Dana.
-No puedo ir- confesó Bruno- es horario de
instituto… mis padres no me dejan salir por la noche.
-¡Por favor!- Dana posó frente a él y le cogió sus
dos manos mientras le miraba a los ojos. Bruno tembló al ver aquella mirada
¿Cómo decirle que no?
-Ya buscaré una escusa…- dijo Bruno mientras
temblaba.
Al llegar a la puerta del instituto, estaba abierta
para todos. El chico miró su reloj y ya eran las cuatro, el tiempo se había
pasado volando. Elevó una tonta sonrisa al ver que Adam estaba en frente de él,
parecía como si hubiese estado esperando con la mochila de Bruno. Se la tiro
con fuerza y Bruno la cogió.
-¿En dónde has estado?- preguntó Adam.
Dana no dijo nada respecto aquel tema.
-Yo me voy ya… tengo mi mochila escondida en un
arbusto.- Dana corrió hacía dentro del patio de la escuela para conseguir sus
cosas. No salió.
-Verás… ¡Volvamos a casa!- Bruno sabía que su mejor
amigo estaba enfadado, sabía que él se había escapado y cogió su mochila antes
de que cerraran las aulas con llave, así podría Bruno podría tener sus pertenecías
y volver a casas con ellas, sus padres no le harían preguntas. La única
pregunta que le harían sería “¿Por qué has vuelto tan tarde?”.
-Te saltaste las clases y no me avisaste ¡Chaval,
te admiro!
El joven chico tembló por como actuó Adam, miró a
sus lados y no entendía lo que pasaba. Elevó una tonta sonrisa, siguió viendo
que Dana no salía del instituto por lo que él puso camino a su casa siendo
acompañado por Adam.
-¿Crees que mis padres lo sabrán?- preguntó.
-Claro que no- contestó Adam.
El chico se alegró de saber que el miércoles tendría
una cita con Dana… él lo llamaría “cita ilegal”, porque se tendría que escapar de
casa para ir a aquella fiesta. Nunca había ido a una fiesta, se preguntó cómo
sería.
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