martes, 8 de octubre de 2013

Capitulo 11 - Al principio del final

¿Qué era la amistad para llegar a un punto máximo de odio? ¿Qué era? ¿Qué era? Estaba claro que la persona más confundida que había en esta historia era Marian. Ella sabía que algo había cambiado y todo aquello estaba claro, su relación con Bruno… y su relación con Adam. Desde que ellos dos se pelearon, Adam dejo de besar con amor a Marian y ahora sus besos sabían a asco, o mejor dicho; daban asco.
Marian sentía que lo estaba perdiendo todo con aquello. Rompió con Adam una vez, tenía miedo de hacerlo otra vez… pero quería que él volviese a ser el de antes.
En situaciones como el sexo, Adam se negaba hacerlas. Los dos estaban en la habitación de Marian, cuando la propietaria se tiro encima de su novio que estaba encima de la cama.
-¡Sabes, tengo ganas…! ¿Lo hacemos?- preguntó la chica sacando la lengua.
-No, quiero dormir- se quejo Adam.
Marian se encogió de hombros, también había otro tipo de situaciones distintas y parecidas a aquella. Cuando se trataba de follar, y perdón por decirlo de esta manera, Adam siempre estaba encantado. Y no era que no tenía ganas ¡Él siempre tuvo ganas!
Marian y Adam siempre se estaban enviados mensajes por el móvil, por supuesto, Adam muchas veces la ignoraba ¡Él nunca la había ignorado!
¿Qué demonios le pasaba a Adam?
Marian cada vez se sentía peor, supo que se comporto mal con Bruno, pero… aquello no era suficiente para que sufriera todo lo que había sufrido ¿Verdad? Pensaba que estaría toda su vida escondida tras unas cortinas blancas, y las cortinas eran blancas… tan blancas que se transparentaban y no se podría esconder nunca y todos verían como lloran, aunque algunos la ignorarían. Que cruel es el mundo.
Aquel día, Adam no fue al parque, tenia “otras cosas que hacer”. Solo estaban Andrés y Marian.
-¿Por qué todo lo malo me pasa a mi?- preguntó Marian.
-Todos vivimos cosas malas…- contestó Andrés apartando la mirada.
-¿Todos? Tú no, eres unos de los mejores jugadores del equipo de futbol, la gente te adora… ¿Por qué piensas que todos viven cosas malas?
Andrés se encogió de hombros. No supo que decir.
-Si pongo un ejemplo… Bruno lo estaría pasando mal ahora mismo también ¿No?- susurró Andrés apartando la mirada.
-Tiene una novia que le quiere, su hermana ha vuelto y esta junto a él… no está solo ¿Cómo lo va a pasar mal?
Andrés se volvió a encoger de hombros.
-Cierto, eres la única que lo pasa mal…- afirmo Andrés.
Marian le miró, sabía que él no decía la verdad. Había algo mal en sus palabras y no supo lo que sabía. Ella falló en intentar saber que era lo que ocultaba su amigo, siempre fallaba en conseguir sus objetivos.
-Solo quiero que me vuelva a besar con sentimiento…- se quejo ella- no pido nada más.
-A lo mejor está dejando de amarte- Andrés respondió a todas sus preguntas.
-¿Por qué?- preguntó ella. Andrés no contestó.- bésame, quiero saber si tus besos son como los de él.
Andrés tampoco respondió a aquello, pero hizo lo que ella le pidió. La beso, ella le siguió el beso, aunque apenas duro diez segundos. Marian abrió los ojos y observó la cara de Andrés, se ruborizo.
-¿Sientes lo que querías sentir?-preguntó a Andrés.
-Realmente no… será porque no me amas, pero… no puedo explicarlo, ha sido especial. La única persona que he besado ha sido a Adam y ahora a ti…- Marian miró hacia arriba mirando las nubes.
-Ha sido mi primer beso- confesó después de un rato Andrés.
Tras aquella tarde, anocheció rápidamente y Andrés se fue.
-¿No tienes miedo?- Marian comenzó a hablar sola.
Ella deseó volver a nacer, volver a crecer. Antes las cosas no eran tan difíciles… mentira, antes los problemas eran peores. Cerró los ojos y vio a su padre delante de ella, volvió a abrirlos para despertar de aquella horrible pesadilla.
En medio de la calle lloro y toda la gente le miro, mientras caminaba, por cada paso, por cada lágrima que caía al suelo. Un sentimiento se había destruido.
-Lo he dejado ir todo… ¡Todo ha sido culpa mía!- Grito llorando.
Volvió a cerrar los ojos y esta vez vio a Bruno riéndose de ella, con esa visión afirmo que todo fue su culpa.
Pobre muchacha desgraciada que no sabía lo que quería, solo quería recuperar a Adam, a Bruno… ¡Qué las cosas volviesen a ser como antes! Pero ella cometió un gran error al golpear a Bruno y cambiarle por Andrés, aquel, fue un mayor error. Aunque Andrés también era un gran chico.
Al llegar a su casa se encontró con quien menos se esperaba, con el chico que paso la tarde. Andrés tenía la mirada fija en ella, pero rápidamente se dio la vuelta y se comenzó a ir. Marian no pudo decirle nada.
Al entrar a casa, lo primero que hizo fue mirar el buzón, y había una carta para ella. Al leer la carta, se sintió aliviada, era de Andrés. Se acercaba el verano y él se iba a su antiguo pueblo rocazul, pero volvería. El verano estaba a punto de llegar, solo faltaban unas semanas y para aquello, solo tenía que esperar.
No pasaría nada en aquellas semanas, simplemente el tiempo pasaría rápido. Ella decidió acabar su relación con Adam ¿Pero cómo hacerlo? Si su mirada le ablandaba, sonreía tontamente.
Al día siguiente se enteró de que Andrés ya no volvería mas al instituto, lo había dejado. Ella tembló al saber aquella verdad ¿Por qué se había ido? Posiblemente nunca más le volvería a ver.
Marian y Adam caminaban tranquilamente por la calle, ella sujetaba su mochila del instituto al igual que Adam que la tenia colgada en la espalda. Ella abrió la boca para decir aquellas hermosas palabras.
-Andrés… le echare de menos- dijo ella.
-Pudo haberse despedido- contestó Adam.

-Yo lo hice, con un beso- Marian miró a las estrellas elevando una tonta sonrisa. Se despidió, con un beso.

domingo, 6 de octubre de 2013

Capitulo 10 - Recuerdos de una fotografía

Quizás fuese el mejor momento para reunir nuevos recuerdos y así lo era, al menos para Bruno que se sentía nostálgico por haber quemado todo lo que le quedaba de Adam ¿Y si algún día se volverían a perdonar? Lo dudaba, con toda su alma. Quiso ver los álbumes de fotos de nuevo, donde salía él y su familia en tiempos remotos. Al abrir el primer álbum de fotos una fotografía cayó al suelo deslizándose por el aire. Bruno la cogió antes de que llegase al suelo. En la foto estaba él cuando tenía seis años, no estaba solo… también había una niña ¿Quién era? Y detrás de aquella chica, había otro chico de su misma edad, al parecer. Bruno comenzó a recordar.
Hace diez años.
Bruno acababa de cumplir seis años, estaba muy contento que nunca, lo que le hacía más feliz era que era feria en su pueblo. Se reuniría de nuevo con sus pequeños amigos para pasar una noche sin padres, montándose en las atracciones que traían cada año.
Se hizo amigo de un chico que iba a Rocazul de vacaciones todos los veranos, se llamaba Andrés. Los dos chicos se llevaban de maravilla, aunque se pasaban el tiempo jugando al futbol. Si algo recordaba Bruno de aquel chico, era que le gustaba jugar al futbol. Cuando jugaban, Andrés siempre ganaba.
“El mundo es pequeño, no temáis en perder a alguien, temed en que pueda cambiar para peor” Le decía la madre de Bruno a su hijos todas las noches.
El chico estaba dibujando, esperando a que su amigo le viniese a buscar a su casa, como todos los días ¿Qué harían aquel día? ¿Jugar al futbol?  No lo sabía.
-¿Qué dibujas?- preguntó Gala que en aquella época tenía ocho años.
-Me dibujo a mí y a Andrés- confesó Bruno, aunque el dibujo era unos cuantas rayas convertidas en un garabato.
-Vaya…- confesó Gala.
En ese momento alguien toco la puerta de la casa, Bruno fue a correr lo más rápido posible y era su mejor amigo, Andrés con un balón de futbol. En ese momento los dos se sintieron felices, Andrés solo tenía cinco años.
Los dos amigos comenzaron a caminar por la feria, aunque era de noche, rocazul era un pueblo bastante pequeño y los niños podrían caminar libremente.
Allí estaban ellos dos, observando cada tienda que habían puesto los tenderos para ganar dinero, aquellos puestos estaban llenos de ropa, collares, peluches, juguetes y miles de cosas más.
Quizás en aquella época Bruno no tenía ningún tipo de miedo, pero sabía que la gente que le rodeaba si lo tenía y no entendía el porqué. Y aquella gente, era demasiada. Él siempre había tenido un don para saber lo que sentía la gente, aunque poco a poco ese don siempre fue desapareciendo.
-Vamos a jugar al futbol lejos de aquí…- insinuó Andrés.
Bruno le miró y observó todas las atracciones y tiendas que había a su alrededor, Andrés prefería jugar al futbol.
-Vale, vamos…- asistió Bruno.
Cuando iban a salir de la feria, observaron como una niña de su misma edad lloraba ¿Quién era? Bruno se acerco a ella sin avisar a su amigo, quien le siguió curiosamente.
-¿Por qué lloras?- preguntó Bruno.
-¡No me gusta este lugar!- Lloraba la niña.
-¡Mi pueblo es genial!- Grito Bruno y Andrés se encogió de hombros.
-¡No lo es! Aquí no tengo amigos…- En ese momento la que se encogió de hombros era la niña indignada.
-Nosotros somos tus amigos- Dijo Andrés, aquella fue su primera frase.
-Vente con nosotros- añadió Bruno.
-¿De veras?- la chica se emociono.
-¡Sí!- Dijeron los dos amigos a la vez.
Y así fue como los dos chicos se dieron la vuelta y comenzaron a participar en las atracciones de la feria, se montaron en una colchoneta para saltar los tres juntos, en la montaña rusa y incluso en una noria. El tiempo se paso rápidamente para los tres amigos, aunque aun no sabían el nombre de aquella chica.
-¿Vamos a jugar el futbol ya?- se quejo Andrés que tenía ganas de golpear la pelota en algún parque.
-Si insistes- contestó Bruno tontamente.
Y así los tres amigos se fueron a un parque a jugar al futbol ¿Había algo mejor que golpear una pelota en plena noche? Se acerco un hombre, era el padre de Bruno con una cámara, en ese instante todo se volvió borroso.
Bruno comenzó a dejar de recordar y volver a la realidad, se veía a él de pequeño nuevamente cuando su padre les echaba la foto a los tres amigos, cuando un dolor de cabeza se inundo en él.
-Mi nombre es… Dana- dijo aquella chica. Bruno lo recordó todo, aquella niña que había en la foto era Dana, ellos dos ya se conocían del pasado. Tembló al saber la verdad, sonrió, quiso saltar, aunque se sintió mareado.

¿Por qué no se acordaba de ella?

jueves, 3 de octubre de 2013

Capitulo 9 - El fuego que quema la mente

“¿Me perdonas?” se preguntaba Bruno cada noche al esconderse bajo las sabanas. Tenía miedo, de que Adam no le perdonase nunca, para que mentir. Él tenía la esperanza de tener a su mejor amigo de nuevo, que le perdonase, aunque nunca sucedería.
Bruno se despertó con ganas de hablar con Adam y así se encontraron los dos contrarios cara a cara.
-¿Qué quieres?-Preguntó Adam.
-Que me perdones, se que hice mal- respondió Bruno.
-¿Qué te perdone? Nunca has confiado en mí, nunca me contaste que amabas a Marian, nunca lo hiciste, nunca, nunca, nunca hemos sido amigos ¿Lo sabías?
Aquello hizo que Bruno se encogiese de hombros y no supiera que decir, aun así, le volvería a pedir que le perdonase.
-Perdón…- respondió Bruno.
Adam se dio la vuelta y se dirigió hacia otro lado. Antes de meterse al aula, le hecho una mirada y una leve sonrisa.
-Chaval- dijo mientras se metía.
Bruno no podía aguantar más aquella pesadilla, quiso llorar con todas sus fuerzas, pero no lo hizo, sabía que el mundo no se iba acabar y eso no era motivo para llorar. Tenía a Dana ¿No?
En frente suya observó como Gabriel discutía con su hermana, hacía tiempo que no veía a Naomi tan furiosa… tampoco por aquel instituto. Bruno creía que se había cambiado de instituto, pero al parecer estaba de visita para ver a su hermano.
-¿Por qué vienes? ¿No te dije que no te quería ver?- dijo Gabriel enfadado.
-He venido porque creía que te ibas a alegrar ¿Sabes?- contestó Naomi enfadada, a Bruno le parecía realmente gracioso porque unos días anteriores su hermana también volvió. Él sabía que sus padres estaban divorciados, Naomi vivía con su madre y Gabriel con su padre- Realmente eres odioso.
Bruno se mantuvo callado y su mirada era totalmente fija, recordó que en una época amo a Naomi ¿Esos sentimientos todavía existía? Él sabía que no. Elevó una tonta sonrisa y recordó que las cosas habían cambiado tanto, siempre había sido tan difícil todo.
Naomi se giró y observó a Bruno, rápidamente se dirigió hacia él.
-¿Eres Bruno? ¡Cuánto tiempo! ¿Verdad?- Dijo Naomi elevando una leve sonrisa.
Gabriel se acerco a ellos antes de que Bruno pudiese decir nada.
-¿Qué haces acercándote a este pardillo?- preguntó Gabriel- no tiene amigos ni nada, Naomi. No le hables.
La chica le miro mal y volvió a mirar a Bruno elevando una leve sonrisa.
-Gabriel, no te metas…- susurró Bruno.
-¿Te importa que seamos amigos?- respondió Naomi.
-Sí, él quería follarte, te lo recuerdo- contestó Gabriel malhumorado.
-¿Que a mí me quiere más que a ti? Ya lo sé- contestó Naomi riéndose.
Gabriel enfadado se fue de aquel lugar lo más rápido que pudo, en ese instante Naomi se comenzó a reír.
Bruno paso toda la mañana en el lugar de siempre junto a Naomi, estuvieron hablando de lo que pasó todos estos años. La chica comprendió a su chico, aunque en el pasado no tuvieron una relación de amistad, ella lo consideraba un amigo. La sonrisa de Naomi enamoraba a Bruno y le hacía comportarse bien.
-Creo que si Adam no te quiere olvidar, lo mejor sería tirar todos los recuerdos- insinuó Naomi algo intrigada.
-¿De verdad?- preguntó Bruno.
-Si lo sigues pasando mal, es porque le recuerdas…
Y así fue como  Bruno se dirigió al desguace para quemar todas las fotos que tenia con Bruno… debía quemarlas. A Naomi, sinceramente no le gustaba hacer esas cosas, pero creía que era necesario.
Bruno presentó a Dana a Naomi, las dos chicas se llevaron bien, al menos a la vista de Bruno.
El chico y las dos chicas se encontraban en frente de un barril de hierro para quemar todos los recuerdos que tenia de Adam. Allí estaban los tres, solo había que tirar la cerilla al barril.
-Aquí solíamos venir Adam y yo hace tiempo… me pregunto si seguirá viniendo- susurró Bruno.
-Si viene significara que te echa de menos- contestó Naomi.
-No le metas cosas raras en la cabeza- contestó Dana.
En ese instante en el que Bruno tiro la cerrilla al barril, pasaron como varios minutos. Sintió miedo, felicidad, quiso llorar, tuvo miedo. Sintió un millón de cosas, pero la cerilla llegó a su destino.
Bruno no lo pudo ver, pero había alguien más en aquella escena. Su mirada era filtrada al grupo, estaban detrás de los tres. Adam apretó el puño ¿Ahora quien se sentía mal? Observó como todos aquellos recuerdos fueron quemados, lo observó y no lo quiso creer, por la mañana le pidió perdón y en ese momento estaba quemando los recuerdos de ellos que habían pasado juntos.
Recordó varios momentos que pasaron juntos, tanto Bruno como Adam. Recordaron cuando se conocieron, cuando Adam le presentó a Bruno, Andrés. También cuando hacían trampas en los exámenes.
El chico se giro y se fue de aquel lugar. Dana se giró también y observó como Adam caminaba hacia la salida, elevó una tonta sonrisa. No tardo en volver a dirigir la mirada al fuego.
-A veces hay que borrar los recuerdos para no sentir nada ¿Te sientes preparado, Bruno?- preguntó Dana.

Bruno no contestó aquella pregunta, porque la respuesta iba a ser “no”.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Capitulo 8 - La linea de la vida

Marian era una chica que no tenía una vida perfecta, no… era la chica más desgraciada del universo, al menos eso decía ella misma. Ella siempre había querido querer aprender a cantar o tocar la guitarra, pero sabía actuar y con eso le bastaba.
Empezare desde el principio, aunque intentaré dejar las cosas claras desde la primera. Marian nunca tuvo madre, murió en el pacto. Ella tiene un hermano mayor que la comenzó a odiar desde que su madre murió. La chica actualmente vivía con sus abuelos.
Con ocho años, su padre fue tratado de un violador pedófilo, muchas fueron las desgraciadas de ser encontrado por el padre de Marian, incluso ella misma. Comenzó a llorar todas las noches con aquel trauma, se alegró de que metieran a su padre a la calcen, así no le vería mas… ella se preguntaba si algún día le perdonaría.
El tiempo paso y no tardó en conocer a Bruno y Adam, se alegró de tener dos mejores amigos tan geniales, aunque pronto consiguió el mejor novio que una chica podría tener; Adam.
La vida era perfecta para Marian, aunque seguía teniendo pesadillas con su padre y lloraba por las noches. Pesadilla tras pesadillas ¿Cuánto iba acabar aquella densa oscuridad? Solo Adam sabía su gran secreto, no quería que lo supiera nadie más, ni siquiera Bruno que le veía con ojos de que era una gran persona. Aquella vista perspectiva desde él cambió por completo cuando Adam cortó con ella.
Era viernes, acababa de llegar al instituto y Adam no le dirigió la palabra. Ella se volvió a convertir en el centro de burlas y Adam se convirtió de nuevo en el chico más popular por las chicas para tontear con él.
Se encontraba viendo con Andrés entrenaba el futbol. Pronto las clases comenzarían y ella tendría que entrar. El chico recogió el balón y salió de la pista de futbol.
-¿Qué opinas sobre esto?- preguntó Marian algo preocupada.
Andrés intentó sonreír, por algún motivo sentía nostalgia sobre ella. Marian quiso saber el porqué Andrés nunca hablaba de su vida, era como ella ¿Tendría algún secreto importante que ocultar? Ella no lo sabía, pero si era así, pronto lo descubriría.
-Él te ama y te dará otra oportunidad, solo quiso hacer ver a Bruno que él fue quien estropeo la relación y hacerle daño… le conozco- Andrés apartó la mirada y tembló al decir aquellas palabras.
Marian se quedo mirando a su compañero y entraron al instituto juntos, se sintió mal.
-Realmente odio a Bruno, él tiene la culpa de todo… él dice estupideces.
El mundo desapareció para Bruno al escuchar aquellas palabras. Entraron al instituto y se dirigieron a sus distintas clases.
Marian era una especie de acosadora. Estuvo todo el día detrás de Adam, aunque por desgracia él estaba con distintos amigos suyos, muchas veces aquella chica pensaba que era gay y le entraban nauseas, no porque podría serlo… le daban por que imaginaba que le dejaría de querer. Tenía miedo de ser abandonada.
La chica caminaba entre sus recuerdos, esos momentos que pasó junto a Adam, esos momentos que no olvidaría nunca, por nada en el mundo.
El chico se dio la vuelta y volvía a su aula, Marian no tardó en correr hacía él. Parecía que nunca iba a llegar, pero llegó. Le abrazó por la espalda y le agarró para que no se fuera. Sus lágrimas cayeron por sus mejillas.
-Vuelve conmigo, por favor…-Dijo la chica llorando en su espalda, no pensaba soltarle por nada del mundo.
Marian no se merecía aquello, había sufrido más que nadie en todo el mundo ¿Qué pensaba hacer? Quería morirse en ese momento. La respiración de Adam fue agitada, demasiado agitada.
-Yo te quiero, quiero ser tu novio… tú mi novia, debajo de las sabanas… ya sabes- elevó una tonta sonrisa. Marian sonrió, aquellas palabras querían decir que ellos dos volvían a estar juntos, eran novios.
-¿De verdad? ¿De verdad- comenzó a llorar Marian de felicidad- ¿quieres ser mi novio, de verdad?
-Claro que si, tonta- Adam se dio la vuelta y le observó su cara llorando. Le saco la lengua.
En ese instante los dos se besaron, fue el beso más largo que los dos chicos se dieron en su vida.
Tras acabar el beso, los dos susurraron un “Te amo” a la misma vez. Sus voces fueron conjuntas. Algunos observaron aquella escena, era de esperar.
Marian lo había pasado mal, pero Andrés tenía razón, Adam tenía un lado maligno y lo uso con Bruno. Ahora una guerra había comenzado, ella lo comprendió… y estaba en el bando de Adam. Pero ¿Quién apoyaría a Bruno? ¿Lucharía solo?
Por el lado de las dos, pasó Dana, la famosa novia de Bruno del día anterior. Marian la observó, se sintió intranquila al notar como ella pasó por su lado, no lo hizo con mala intención, solo continúo su camino, pero Marian por alguna razón… sabia que la caraña de Dana no era buena, era de las peores, estaba convencida.
El domingo paso rápidamente y Marian había quedado con su novio y quien era su nuevo mejor amigo; Andrés. Los tres amigos caminaban por una calle hablando. La chica algo emocionada observó como dos figuras se acercaban, era Bruno y… ¿¡Su hermana Gala!? Hacía muchísimo tiempo que no sabía nada de ella, se alegro de verla… pero… ella ahora no era su amiga.
“Fea, eres fea cuando lloras” Le dijo Gala en una ocasión a Marian.
Los dos grupos pasaron al lado. Marian notó como Bruno se sintió inseguro, observó como una lagrima cayo, no le sentó mal.
Por cada hora que pasaba, estaba convencida que se había formado una guerra y Bruno le devolvería alguna mala jugada a Adam. Así empezaban los problemas, ella lo sabía. Adam le agarró de la mano y cuando ella miró hacia atrás, ya habían desaparecido.

Recordó todos los momentos que pasó ella junto a Bruno, Adam y Andrés… los recordó uno por uno, en un segundo… ¡Se sintió feliz! Pero, ese sentimiento no duro siempre. El odio se llenó dentro de ella.

Capitulo 7 - Lazos de hermanos

Mucha gente decía que dios no existía, Bruno optó por dejar de ir a la iglesia y dejar de creer en aquel ser misterioso al que todos conocían ¿Estaba en lo cierto? Si aquel hombre tan poderoso existiese… Bruno hubiese sido feliz.
Día a día que pasaba, la vida de Bruno no mejoró y se quedo completamente solo en el mundo, aunque aquello fuese una mentira… tenía a Dana, y aunque no lo quisiese creer, Gala también estaba de su lado. Su hermana no estaba con él, se mudo hace tiempo. Bruno estaba feliz de que su hermana volviese a su casa dentro de unos días.
-¿Estás bien?- preguntó Dana mirando a su hermano. Acababan de ver una película en el cine, había sido aburrida, al menos para Bruno que estuvo durante todo aquel rato pensando en sus cosas.
-¿Por qué debería estar mal?- preguntó Bruno encogiéndose de hombros.
-Sabes que tienes miles de motivos- Dana apartó la mirada.
Era cierto lo que aquella chica decía, Bruno tenia miles de motivos para deprimirse; el primer motivo; se había quedado completamente solo y tanto Adam como Marian le odiaba. El segundo motivo; sus padres le odiaban aun mas, por las notas que sacaba.
-Estoy bien- Sonrió Bruno.
-Eso espero.
-Estas mintiendo- confesó Dana.
Bruno se mantuvo en silencio porque sabía que ella tenía razón.
-Yo antes estudiaba en el colegio de secundaria La Iluminada, era un colegio de monjas admitido solo para mujeres… pero, no me llevaba muy bien con las chicas ¿Sabes? Me hicieron la vida imposible.
-¿Por qué?- contestó Bruno.
-Porque Raquel se enamoró de mi y creía que era como ella.
-¿Raquel?- preguntó Bruno.
-Exacto.
Bruno sonrió al escuchar su historia, no podía ni imaginar lo cruel que era la gente… ¡Él odiaba a los seres humanos! Cada segundo con más fuerza. Pensaba que iba a explotar y destruir la tierra de la rabia que llevaba dentro, por mucho que contara lo sucedido, por mucho que le abrazaran y por mucho que Dana le besaba, él aun sentía que iba a explotar. Realmente quería volver a ser amigo de Adam y Marian, y a lo mejor también echaba de menos a Andrés… pero, su vida había cambiado y ahora dos de esas personas le odiaban a muertes ¿Por qué le pasaba a él aquello?
Recordó la última semana y Dana hizo su mayor esfuerzo para animarle; le llevo a comprar, al cine, al parque… ¡A todos lugares! En cambio, siempre estuvo mal.
-Adam ha demostrado no ser tu amigo, no te intereses más por él- Dana sonrió, no quiso nombrar a Marian porque seguía que Bruno seguía confundido- ¿Vale? Anímate.
Aquel día pasó rápidamente, Bruno volvió a su casa y comenzó a dormir profundamente. Antes de dormir, observó fotos y videos que tenia grabados en su móvil. En todas las fotos y videos salían Adam y Marian, les echaba demasiado de menos.
-¡Despierta, despierta!- dijo una voz. Bruno no la reconoció ya que estaba dormido, pero no tardo en abrir los ojos y observar a Adam, él le intentaba despertar, aunque su vista era borrosa… pronto volvió a ser normal y no era Adam… era ¡Su hermana Gala!
Bruno no tuvo palabras para describir aquel día. Era domingo y su hermana llegó aquel día, se sintió más que feliz y por un momento recordó a Adam, pero seguidamente… ¡Volvió a sentirse el más feliz del mundo!
-¡Hermana! ¿Qué haces aquí?- Se tiró a sus brazos.
-Vuelvo a casa, sé que he estado poco tiempo afuera… ¡Pero como en casa en ningún sitio!
Bruno sonrió, aquello lo solía decir varias veces “Pero como en casa en ningún sitio”, era como si fuera su lema.
Aquel día lo paso con su hermana, le contó todo lo que paso a lo que Gala comenzó a dar su consejo.
-Me ha parecido bastante mal que te emborracharas… pero creo que deberías arreglar las cosas con Adam- pero había un inconveniente, Dana no quería que arreglase las cosas con Adam, sabía que si lo hacía… volvería hablar con Marian y quería evitar cualquier contacto entre él y Marian. -¡Seguro que tú puedes hacerlo! Eres un chico encantador, aunque te cueste creerlo y algunas veces seas un capullo.
No nos engañemos, Dana no estaba enamorada de Bruno, pero eran novios… y una chica lo último que quiere es que le sean infiel. Al menos aquello era lo que creía Bruno.
Bruno sonreía frente a su hermana, pocas veces estuvo con ella en el pasillo.
Aquella vez lloraba como un prisionero, las lágrimas caían y caían y se escondía detrás de la puerta de su habitación, Gala se acercó a su hermano con una leve sonrisa algo sombría, estaba encogida de hombros y parecía tener miedo ella también. Se agacho para estar a la altura de su hermano que estaba de rodillas.
-Dicen que yo estoy fea cuando lloro… pero tú estás hermoso cuando lloras ¿Por qué es?- dijo ella elevando una leve sonrisa.
Bruno dejo de llorar y observó a su hermana algo sorprendido.
Bruno no recordaba porque lloraba aquel día, tampoco quiso saberlo, ahora solo le interesaba estar con Gala todo el tiempo posible, sin olvidarse de Dana.
Al pasar toda la mañana, por la tarde Gala y Bruno decidieron a salir a dar un paseo cuando como eran niños. Salían juntos por la calle, corrían y hacía travesuras. Aunque aquel día no era el caso, su paso era tranquilo y se pasaron todo el tiempo hablando.
-¿Entonces tu novia se llama Dana? Me recuerda un poco a mi nombre… Gala y Dana… mmm- dijo aquella chica con la mano en su barbilla y pensativa. Bruno asistió con la cabeza, se sentía feliz.
-¡Y ella es guapísima!- añadió Bruno.
A lo lejos se divisaba un grupo de tres personas, Bruno las reconoció; Adam estaba en el medio, Andrés sujetaba una pelota y Marian tenia la mano agarrada a la de Adam, por lo que supuso que ellos habían vuelto. Incluso Andrés podía ver como odiaba a Bruno.

El chico tembló por unos minutos, ellos pasaron por el lado de los dos sin decir ni una sola palabra… no saludaron… le trataron como… ¿fantasmas? No, si una persona viese un fantasma huiría… él lo entendió, él entendió que no existía para ellos. 

martes, 1 de octubre de 2013

Capitulo 6 - Pintando con lapices de colores negros

Bruno se despertó en el hospital, lo primero en escuchar fue a sus padres riñéndole como nunca antes lo habían hecho.
-No has decepcionado, te has emborrachado y hecho el ridículo, eres un crío, no te deberíamos dejar salir de casa durante un tiempo, por niño. No hablemos de tus notas ¿Cómo que has sacado tres cuatros en los exámenes de este mes? ¿Estás loco? Tu padre y yo hemos decidido internarte en un internado durante un verano- le regañó su madre.
El chico abrió los ojos bruscamente, estaba alrededor de sus padres. Tembló, no quería estar metido en un internado en un verano, sería lo más cruel que se le habían ocurrido aquellos horribles hombres. Sabría que se incorporaría pronto, tenía miedo de volver al instituto.
Por otra parte, Bruno no recordaba nada de lo que paso el miércoles, pero sabía que no era nada bueno… ¿Qué había pasado?
Pasó un día y Bruno volvió al instituto, su vestimenta fue normal como siempre, todo era normal… todo excepto una cosa, aquel día Adam no fue a su casa a despertarle e ir juntos al colegio ¿Por qué no? Quiso saberlo.
Cuando caminaba por los pasillos del instituto todas las personas de su alrededor le miraba de una forma siniestra, notó las oscuras miradas y cada vez tenía más miedo. Por fin todo iba a cambiar, Adam junto a Andrés se acercaba a ellos… o al menos se dirigían por aquel pasillo.
Ellos dos caminaron al lado de Bruno sin dirigirle una sola palabra, se fijo que Adam tenia vendas en la cara ¿Por qué tenía heridas? En ese instante Bruno recordó como le comenzó a pegar, se quedo en shock unos segundos, pero supuso que era un sueño.
-¡Adam!- Grito.
El chico le miró, pero le ignoró.
El siguiente chico que se le acerco, era la última persona que querría ver, era Gabriel. Él se acerco elevando una tonta sonrisa, tenía un móvil táctil en la mano.
-¿Sabes? Vas a estar un tiempo teniendo una vida insoportable- dijo Adam tras una carcajada.
Por supuesto Bruno no sabía a lo que se refería.
-¿Qué quieres decir?- preguntó aquel chico.
Bruno le enseñó el móvil y no tardo en darle al play, el video se comenzó a reproducir. No había nada interesante en él, aun así Bruno se sorprendió a verse a sí mismo borracho, el video iba avanzando lentamente, se podía observar como Bruno hacía el ridículo… todo eso paso hasta que apareció como se peleaba con Adam, le golpeaba una y otra vez. Todo aquello lo había grabado Gabriel y él no tenía nada que decir, tembló y quiso huir. Ahora sabía porque todo el instituto le odiaba.
Sus pasos comenzaron a ser lentos hasta que llegó a clase, los treinta alumnos dirigieron su mirada hacía él, algunos entre risitas y cuchicheos, otro entre odio a su alrededor. Bruno se había convertido en el hazmerreir de todo el mundo.
Se sentó en su pupitre como todo el mundo. Adam llegó tarde a clase, pero llegó, él no se dedico a mirar a Bruno como todos, solo se sentó en su silla.
Al salir de clase, Bruno se dirigía a la siguiente aula donde daría música… esperaba que aquella clase no fuese como en la anterior, que le tiraron gomas y lápices. Mientras caminaba por el pasillo, se encontró a Adam, no tuvo el valor de acercarse a él después de haber visto el video que vio, sentía vergüenza. Marian apareció de repente y se acerco a Adam, por supuesto ella sabía todo lo que había pasado y no le hacía mucha gracia seguir juntándose de Bruno, después de que él le diese una paliza a su novio.
Adam se dirigió de mala forma a Marian.
-Déjame- dijo él.
-¿Por qué?- contestó Marian extrañada.
-¡QUÉ CORTO CONTIGO, COÑO, QUE YA NO SOMOS NOVIOS!- gritó Adam de forma de que todos escuchasen como él cortaba su relación con aquella chica.
Bruno observó todo aquello, y después de aquella ridícula escena… Adam se acerco a quien antiguamente era su mejor amigo. Le miró de forma vacilante.
-¿Estas contento? Ahora tienes a Marian para ti solo- dijo Adam enfadado.
Bruno no tenía palabras, su vida había cambiado en un día para otro. Tembló y odio a Gabriel por grabar aquel video que vio horas anteriores. Sintió compasión por Marian por acabar con su novio de aquella manera, y quiso asesinar a Adam por hacer llorar a su novia, que por desgracia ya dejo aquel puesto.
Bruno nunca había visto llorar a Marian de aquella forma, en medio de aquel pasillo. Ella se acercó como lo hizo Adam, después de que él se fuera.
La chica golpeo a Bruno con todas sus fuerzas, dejándole una marca en la mejilla.
-¿Estas contento? Has conseguido lo que querías ¿Verdad?- dijo Marian.
-Estaba borracho…- confesó Bruno.
El tiempo se detuvo en aquel momento y él salió corriendo después de ver que Marian le ignoró, parecía enfadada. Quiso estar con Dana, ella era su única amiga… o al menos eso creía. Quiso llorar, pero debía ser fuerte. Salió hasta el patio y se escondió entre muchos arbustos, apoyado en un árbol mientras observaba las nubes.
Al rato, alguien comenzó atravesar los arbustos. Era Dana.
-Sabía que estabas aquí- dijo aquella chica.
-¿Cómo? Nunca te he hablado de este lugar- confesó Bruno.
-¿Y? Yo vengo aquí todas las mañanas para saltarme a clase, así que he mentido un poquito- confesó Dana.
Se sentó junto a él y acurruco su cabeza en su hombro. Ninguno de los dos dijo nada durante un buen rato.
-Fue culpa mía por llevarte a esa fiesta, era la primera vez que bebías… a mi me pareciste lindo- dijo ella.
-¿Te parecí lindo cuando estaba borracho?- preguntó él.
-Si… perdón por irme sin avisarte, paso algo.
-¿El qué?
-Cuando te me declaraste y te rechace… me arrepentí de hacerlo.
Eso era nuevo, Bruno tampoco se acordaba de haberse declarado a Dana, no… no se acordaba. Pero elevó una leve sonrisa de hacerlo.
-¿Y entonces?- preguntó irónicamente.
-Quiero ser tu novia. Quiero que los dos estemos solos en el mundo- Dana sabía que cuando él dijese que si, los dos estarían solo en el mundo. La gente comenzaría a despreciarla como lo hacían con él.
-¿De verdad?

Dana no respondió aquella pregunta, lo único que hizo fue ponerse encima de Bruno y besarle. Bruno admitirá poco después de aquel fue su primer beso, duro cuarenta segundos y supo que estaba enamorado de verdad, su corazón no mentiría. 

domingo, 29 de septiembre de 2013

Capitulo 5 - Lo que hizo

Bruno llegó a clase confundido, su vista era borrosa y realmente él no sabía qué hacía allí. Se tambaleaba como si estuviera borracho y por si fuera poco, tenía unas ojeras impresionantes. Estaba demasiado pálido.
Todos sus compañeros de clase le miraban confundidos, tan confundidos como lo estaba él.
Por alguna razón, Adam no había ido a clase, Bruno lo noto. Siguió caminando hacía su pupitre, que estaba al final del aula.
-Perdón por llegar tarde- dijo en un tono que parecía que estaba ebrio.
El maestro se dirigió hacía el corriendo, pero antes de eso… Bruno cayó al suelo brutalmente. Quizás si no hubiese conocido a Dana no hubiese pasado nada de aquello ¿Verdad?... perdón, para que podáis entenderlo tendremos que viajar hacía el pasado, exactamente al gran esperado miércoles por la noche.
Allí estaba Bruno, en frente de aquella casa junto a Dana. Se alegró de saber que no estaba solo, de tanta gente que había allí sola, él se presentó a aquel lugar con una compañera ¿No era genial? Se alegro, como nunca antes lo había hecho.
Al entrar a aquella casa, había muchísima gente. Todos estaban bebiendo algo, Bruno supuso que era alcohol, él no sabía sobre las marcas de distintos licores que había, por lo que sabía que él negaría cualquier bebida. Dana se lo llevó a la cocina, cogió un vaso que parecía tener una bebida dentro, era alcohólica.
-¡Toma!- dijo ella elevando una leve sonrisa.
-¿Qué es?- preguntó Bruno.
-Pruébala, te gustara- contestó la chica.
Bruno lo hizo, la verdad es que no le gustó demasiado aquella bebida alcohólica, pero la bebía poco a poco.
Allí cualquier chica se acercaba a hablar con Bruno, se sentía feliz de sentirse popular al menos una vez. Intentaba decir lo que ellas querían decir, en cambio… él rechazaría cualquier oferta de estar con una de ella para cualquier cosa, solo estaría con Dana, que en ese momento estaba moviéndose al ritmo de la música con un chico alto y musculoso… él no era así, eso le hizo deprimirse… aunque tenía miles de chicas a su alrededor ¿Por qué llorar cuando podría pasar la noche con todas ellas?
Cuando se acabo de beber la bebida alcohólica, que no sabía lo que era, una de las chicas le dio otra. Él comenzó a beber y así seguidamente.
-¿Te gusta alguien?- preguntó una de las chicas.
-Si- contestó Bruno comenzando a estar ebrio, cuando acababa una copa… luego le daban otra. La llevaba 9 copas distintas.
-¿Quién te gusta?- preguntó uno de los chicos que se acerco a su alrededor.
Él miro a Dana que seguía con el mismo chico ¿Quién sería? No le importo demasiado, solo supo que ella estaba hermosa mientras bailaba.
A lo lejos estaba Gabriel, también conocido como el peor enemigo de Bruno. Se acerco a él con paso firme, tenía una cámara de video y estaba grabando a todos en la fiesta, no hacía falta decir que no había una persona más borracha que Bruno.
-¿Qué haces aquí?- preguntó él con un tono enfadado.
-¿Quién eres?- Bruno no reconoció a Gabriel, su vista era más o menos… borrosa.
Gabriel se comenzó a reír y se alejo con la cámara, supo que aquel día pasarían cosas muy divertidas ¿Verdad?
Y el chico seguía bebiendo aun así sin reconocer a nadie. Se acerco a Dana, aunque aquel chico con el que estaba la mantenía ocupada.
-Dana, quiero hablar contigo- dijo el chico, parecía estar preocupado.
-Claro ¿Qué quieres?- preguntó ella.
-A solas.
Y así fue como acabaron en aquel jardín.
Bruno dio un sorbo a la copa que tenía en la mano y miro a Dana, estaba decidido a decírselo, por fin le diría lo que sentía por ella… ¡Si, estaba decidido!
-Dana, quiero que sepas una cosa- dijo Bruno.
-¿Qué cosa?- preguntó Dana.
-Me he enamorado de ti.
Dana se mantuvo en silencio al escuchar aquello, Bruno se alegró de habérselo dicho… aunque se silencio parecía no ser bueno. Tuvo miedo, comenzó a temblar y tener ganas de llorar, y así, Dana abrió la boca para hablar.
-Yo… es que… estas borracho, no sabes lo que dices. Deberías volver a tu casa ¿Sabes? A descansar.
Bruno dio unos pasos hacia atrás sorprendido por la respuesta de aquella chica, tembló y las ganas de llorar que le dieron antes, ahora tenía muchas más ganas. Y si, esta es la parte del emborrachamiento donde te vuelves depresivo y nadie puede hacer nada de nada.
-Yo… luego me voy- contestó Bruno dándose la vuelta y dirigiéndose hacía unos columpios.
Allí se sentó, en el columpio. Entre mucha gente que había alrededor observó como Dana se volvía a meter en la casa y él comenzaba a estar solo. Empezó a llorar, una lágrima comenzó a salir una tras otra.
Un chico se acerco lentamente a él, le miro curiosamente. Bruno no pudo reconocerlo.
-¿Bruno? ¿Qué haces aquí?- preguntó aquella persona.
El chico comenzó a reírse porque no reconocía a esa persona.
-¿Quién eres?
-Soy Adam.
En ese instante Bruno no quiso saber nada mas, odiaba a Adam, si… él no era su mejor amigo, lo decidió en ese momento. Estaba borracho y tenia muchísimas ganas de decirle todo el rencor que le tenía acumulado, y por si fuera poco, Dana le lleno de rabia por su tonta respuesta.
-Vete a la mierda- dijo Bruno.
-¿Qué dices? Estas borracho ¿Quieres que te lleve a tu casa?- aquella fue la respuesta de Adam, que se encogió de hombros.
-¿Qué me lleves a tu casa? ¿Qué dices? Hijo de puta, mamón, gilipollas.- Bruno comenzó a insultar.
-Estas borracho, Bruno. Volvamos a tu casa.- cada vez Adam se empezaba a sentir peor por los insultos de Bruno.
-Yo amaba a Marian desde que la conocí y tú te la follas todas las noches ¿Contento?- confesó Bruno de forma borde, su mirada cambió radicalmente y observó el odio que le tenía hacía Adam.
Quien supuestamente era el mejor amigo de Bruno, pero dejo de serlo se mantuvo callado y no supo que decir, no se lo esperaba… es más, él recordaba que le pidió permiso para salir con Marian y él se lo dio. Tembló.

Bruno levantó el puño con agilidad y con fuerza, y con toda su potencia, le dio un puñetazo a Adam y después de aquel, le dio otro y así repetitivamente. Deseaba nunca parar y así parecía. Adam no respondía con ningún golpe.
Las lágrimas de Bruno caían sobre la cara de Adam. Él chico se dejaba ser golpeado a causa del shock.
Tuvieron que separarle unos chicos que estaban allí, estuvieron demasiado tiempo para observar y que la cara de Bruno fuese llenada de moratones.
Mientras le separaban, Bruno gritaba:
-¡Hijo de puta, tú te follabas a Marian y yo miraba!- estaba claro que no lo decía en serio, él nunca había visto como Adam y Marian hacían… bueno, ya sabéis
Llevaron a Bruno a dentro de la casa, le tumbaron en una de la cama de dueño de la casa. En ese momento odio al chico que montó aquella fiesta, si no hubiese ido no hubiese pasado las desgracias que hubiesen pasado.
Él se comenzó a sentir mejor, bajo por las escaleras cuando observó que aun había gente en la casa. Allí había unas chicas charlando. Bruno se acercó.
-¿Sabéis donde esta Dana?- preguntó Bruno, deseando que se fueran juntos a casa. Cuando él llegase a casa, sus padres le echarían una buena bronca por escaparse de casa e ir a aquella fiesta.
-¿Dana?- preguntó la primera chica.
-La chica de antes- contestó la segunda chica.
-Ella se ha ido a su casa- afirmo la primera chica.
La noche de Bruno no podía empeorar y encima estaba amaneciendo. Salió de su casa y comenzó a dirigirse al instituto con pensamientos de que iba a llegar tarde, seguía bastante ebrio, después de todo había bebido mucho, era sorprendente que no se cayese al suelo aun. El chico al llegar entró a la clase y directamente se desmayo como dije en el principio.

Así fue como Bruno llegó a su estado; ahora estaba tumbado en el suelo del aula desmayado delante de todos.

Capitulo 4 - Todo es perfecto

Estaba claro que en lo único que se preocupaba Adam era en su relación con Marian ¿Pero cómo empezó todo? Recordó y recordó y se acordó.
Como todas las mañanas, aquel martes él despertó a Bruno de su largo sueño. Y luego se fueron a clase antes de que empezara. Adam era un buen estudiante, por lo que no le importaba llegar tarde de vez en cuando.
Adam era un chico popular entre la gente, sobre todo entre las chicas. No había chica del instituto que no quisiese salir con él, aunque he exagerado un poco. Siempre estaba con alguna chica, y si no estaba con una… estaba con Marian. Él amaba a su novia más que a nada en el mundo, nunca le había sido infiel ni pensaba serlo.
Mientras se dirigía hacía el cuarto de baño, un grupo de chicos se le acercaron. El que parecía ser el líder se puso delante de él.
-Tío, mañana celebramos una fiesta ¿Quieres venir?- dijo aquel chico.
-¡Por supuesto!- Afirmó Adam elevando una leve sonrisa.
-Eres el alma de la fiesta, sin ti… ¡Estas fiestas no serían divertidas!- dijo otro del grupo con un tono de broma.
Tras aquella conversación se dirigió a clase. El chico estaba contento de que al día siguiente hubiese diversión. Le dieron la dirección de la casa donde sería aquella fiesta, por supuesto también habría alcohol. Era una pena que a Marian, su novia, no le permitiesen salir por las noches.
En el recreo, el grupo de siempre estaba charlando. Adam se preguntó que había hecho para juntarse con aquella gente… Bruno no era para nada popular, y mucho menos Andrés. Y Marian era popular porque estaba con él.
El día pasó rápidamente y al acabar hacía el instituto Bruno caminó junto a Adam hacía sus casas.
-Puedo comer hoy en tu casa- preguntó Bruno elevando una tonta sonrisa, tenía que conseguir que su mejor amigo aceptase su oferta.
-Claro… pero… ¿Por qué?- preguntó Adam.
-Ayer tuve una discusión con mi madre, no me hace demasiada gracia verla y comer con ella- confesó Bruno encogiéndose de hombros.
El tiempo se detuvo para los dos chicos que no tenían palabras en la boca, al menos Bruno no tenía ninguna, no le apetecía hablar sobre aquello.
Adam se encogió de hombros y no tardo en volver a sonreír como lo hacía siempre.
-¿Y por qué no te vas con tu novia?- preguntó.
-¿Dana?- preguntó Bruno- ella no es mi novia.
Adam siguió caminando junto a su amigo sin decir ni una sola palabra, apretó el puño, él odiaba el silencio. Siguió caminando sin importarle nada de gran importancia, solo quería mantener una conversación. Llegó hasta su casa.
Los dos chicos almorzaron juntos sin decir ni una palabra. Poco después Adam hecho a Bruno de su casa para que fuese a la suya, no podría estar allí por siempre. En cambio Bruno no lo pensaba de aquella manera.
Cuando su Bruno se fue de su casa, se tiro a la cama y comenzó a dormir.
El chico se despertó asombrado, apenas había dormido una hora y su móvil estaba soñando. Miro quien era el que le llamaba, era Marian, su novia. Le cogió el teléfono, ella no quería nada importante, solo quería avisarle de que se dirigía a su casa y estaría allí en media hora.
Y así fue como la pareja estaba encerrada en aquella habitación, liándose en aquella misma cama, y besándose.
Todo tuvo un principio, Adam se alegró de haber durado tanto tiempo con Marian. La miraba a los ojos y recordaba el día en el que la conoció, también recordaba el día en el que comenzaron a salir como novios.
Fue hace dos años. Estaba claro que Adam en aquella época era un chico despistado, Marian había recibido insultos y burlas ¿Por qué? El padre de Marian era un violador pedófilo, no podría haberlo dicho más claro. Por supuesto ella era víctima de los actos de su padre, con esto quiero decir que la joven le odiaba como nunca antes había odiado a otra persona, la gente pagaba el odio hacía su padre con ella.
Aquel día en el que comenzaron a salir estaba en el aula, todos se habían idos y ellos eran los únicos que quedaban.
-¿Estás bien?- preguntó Adam.
-¡No, no estoy bien!- se quejo Marian en aquel instante.- ¡No tengo a nadie!
Cuando ella acabo la frase, Adam dio su primer beso a aquella chica que se sentía frustrada y quería morir. Ella no hizo nada más que continuarlo, y lo demás os lo podéis imaginar, fue demasiado cursi como para describirlo.
Adam abrió los ojos y observó que Marian estaba encima suya desnuda. Los dos sentían placer por dentro, aunque el momento se hizo corto. Los dos chicos se tumbaron en la cama desnudos mientras se abrazaban. Adam recordaba todos los momentos que habían pasado juntos. También se alegraba de haber perdido la virginidad antes que Bruno, él seguía siendo virgen… era un “chico puro”, así lo llamaba Adam cuando se metía con él.
La vida no le podía ir mejor a Adam, tenia novia, buenas notas, amigos, dinero, era popular… ¿Qué mas podría tener o querer? El chico miró a Marian elevando una tonta sonrisa y Bruno le beso a ella de nuevo.
-¡Una segunda ronda!- dijo tontamente acercando sus manos a los pechos de Marian.
-¿Cómo?- Marian se sonrojo.

Una vida perfecta ¿Quién mas querría tenerla?

Capitulo 3 - Incumpliendo las normas sin querer hacerlo

Después de un largo domingo, llegó el lunes.
Bruno se sentía aburrido y solo, pero sabía que iba a ser un buen día, porque volvería a ver a Dana. Por supuesto, él tenía miedo de no verla ¿Por qué? Se suponía que él amaba a Marian, no a ella… ¿Qué le estaba pasando? Sus latidos del corazón latían con muchísima fuerza, pensaba en cada segundo en Dana.
-¡Chaval!-Dijo una voz.
Bruno abrió los ojos reconociendo la voz, estaba tumbado en la cama. Se encontró con la cara de Adam, su mejor amigo. Tembló al verla y dio un salto hacia delante.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Bruno.
-Te has quedado dormido y vas a llegar tarde a clase, parecías feliz mientras soñabas- dijo Adam mientras reía.
Bruno no dijo nada al respecto aquello.
Se vistió lo más rápido que pudo y los dos amigos se dirigieron hacía el instituto. Las clases habían empezado, y no era costumbre interrumpirla, pero lo hicieron.
Cuando la clase acabó, los dos amigos salieron del aula y se encontraron con Marian. Ella les miró elevando una sonrisa.
-¿Qué te paso el sábado, Bruno?- preguntó Marian encogiéndose de hombro.-Desapareciste durante el día entero.
-Nada…- Bruno no tenía respuestas para confesar el fantástico día que había ocurrido.
Andrés se unió a ellos al poco tiempo. Era la hora del recreo y se sentaban en un banco del patio del instituto. Los cuatros amigos charlaban y comentaban distintos temas, aunque Andrés no solía hablar mucho y Bruno le solía reír las gracias a Adam, aunque el chiste no tuviera ninguna gracia. Como todos los días, aquel día parecía ser bastante normal.
En ese instante, Dana se acerco a los chicos pidiendo paso y poniéndose en frente de Bruno.
-Bruno ¿Puedes venir conmigo un segundo?- preguntó la chica cogiéndole de la mano y levantándole del banco.
Los tres anónimos chicos no sabían quién era aquella chica, la miraron sorprendidos. Bruno acepto y se fue con Dana. Se sintió feliz al ver que ella fue a buscarle a aquel lugar.
-Ahora vengo- dijo Bruno dirigiéndose a Adam.
Corrió junto a Dana, hasta que se alejó de sus compañeros. Ahora solo estaban Dana y Bruno solos, como al chico le gustaba.
-Tu amigo es muy guapo- dijo Dana elevando una sonrisa tonta.
-¿Adam? Todas las chicas dicen lo mismo ¿Yo no soy guapo?- preguntó Bruno.
-Claro que lo eres, tonto.
Los dos chicos se pasaron charlando diez minutos, para resumir de lo que hablaron, fueron bastantes directos los dos; hablaron sobre su futuro, sobre lo que querían ser de mayores; Bruno afirmó que no le interesaba el futuro. También hablaron sobre las distintas personas de su alrededor; Dana confesó varios chicos que le atraían y si fuera posible los violaría, a Bruno le hizo reír aquella expresión.
-¿Por qué no escalamos la valla y nos vamos del instituto?- preguntó Dana con una sonrisa burlona.
-No podemos hacer eso- contestó Bruno encogiéndose de hombros, era cierto que se le había pasado aquella idea por la cabeza un milésimo de veces, pero nunca lo había hecho por miedo a que sus padres se enteraran de sus travesuras.
-¡Por favor, hay a una tienda  a la que quiero ir!- confesó Dana.
-Vale…
Y así fue como Bruno fue convencido para escaparse de la escuela e ir a tiendas a comprar. El chico no se preocupo por su material, solo quería estar con Dana pasase lo que pasase… ella era… ¿Qué era ella?
Escalaron la valla con facilidad, al parecer Dana tenía bastante practica en ello y lo había hecho muchísimas más veces, pero era la primera vez para el inocente Bruno. Tras conseguirlo se pusieron manos a la obra y se dirigieron a aquella tienda que estaba en el centro comercial.
Aquella tienda estaba llena de ropa para mujer. Era demasiado grande y había muchísimas chicas buscando su estilo entre aquellas ropas, que Bruno veía demasiado… ¿elegante?
Dana acabó de buscar entre distintas ropas y cogió las que más le gustaban. Se llevó a Bruno hasta el probador, y el chico comenzó a esperar delante mientras ella se cambiaba. Ella se cambió rápidamente, el primer vestido que se puso era de una tela verde transparente y corto, a Bruno no le gustaba nada. El segundo traje que se puso era un vestido blanco con puntos negros, él chico también vio el visto negativo. Y así, se probó miles de vestidos, algunos eran más bonitos que otros, o más feos…
Bruno estaba esperando a que su compañera saliese del probador, y así lo hizo; llevaba un precioso vestido de color azul, como el mar. Llevaba unas cintas alrededor del vestido. Era hermoso. Bruno se quedo sin palabras, no era que el elegante vestido era bonito, si no que, con los ojos de Dana y su hermoso pelo castaño relucía como nunca antes.
-Ese me gusta- confesó él.
-¿De verdad?- dijo Dana emocionada.
Tras aquella hora en el probador, compraron aquel vestido, era caro, pero Dana tenía el dinero. Bruno no se preguntó de dónde lo saco.
Mientras caminaban hacía el instituto para recuperar sus cosas, la chica miró hacía las blancas nubes elevando una sonrisa. Le costó sacar lo que quería decir, no sabía cómo decirlo y era extraño en ella.
-Hay una fiesta el miércoles por la noche… ¡Me encantaría que fuésemos juntos!- sonrió Dana.
-No puedo ir- confesó Bruno- es horario de instituto… mis padres no me dejan salir por la noche.
-¡Por favor!- Dana posó frente a él y le cogió sus dos manos mientras le miraba a los ojos. Bruno tembló al ver aquella mirada ¿Cómo decirle que no?
-Ya buscaré una escusa…- dijo Bruno mientras temblaba.
Al llegar a la puerta del instituto, estaba abierta para todos. El chico miró su reloj y ya eran las cuatro, el tiempo se había pasado volando. Elevó una tonta sonrisa al ver que Adam estaba en frente de él, parecía como si hubiese estado esperando con la mochila de Bruno. Se la tiro con fuerza y Bruno la cogió.
-¿En dónde has estado?- preguntó Adam.
Dana no dijo nada respecto aquel tema.
-Yo me voy ya… tengo mi mochila escondida en un arbusto.- Dana corrió hacía dentro del patio de la escuela para conseguir sus cosas. No salió.
-Verás… ¡Volvamos a casa!- Bruno sabía que su mejor amigo estaba enfadado, sabía que él se había escapado y cogió su mochila antes de que cerraran las aulas con llave, así podría Bruno podría tener sus pertenecías y volver a casas con ellas, sus padres no le harían preguntas. La única pregunta que le harían sería “¿Por qué has vuelto tan tarde?”.
-Te saltaste las clases y no me avisaste ¡Chaval, te admiro!
El joven chico tembló por como actuó Adam, miró a sus lados y no entendía lo que pasaba. Elevó una tonta sonrisa, siguió viendo que Dana no salía del instituto por lo que él puso camino a su casa siendo acompañado por Adam.
-¿Crees que mis padres lo sabrán?- preguntó.
-Claro que no- contestó Adam.

El chico se alegró de saber que el miércoles tendría una cita con Dana… él lo llamaría “cita ilegal”, porque se tendría que escapar de casa para ir a aquella fiesta. Nunca había ido a una fiesta, se preguntó cómo sería. 

sábado, 28 de septiembre de 2013

Capitulo 2 - Viviendo en una nube de algodón

Los padres de Bruno se decepcionaron al saber que sus notas bajaban cada segundo más rápido, no podían mencionar ni una sola palabra, estaban decepcionados. Bruno escuchaba sus quejas una y otra vez, ellos no paraban de hablar y regañar, aun así… ¿A él le importaba? Solo pensaba en una cosa, o mejor dicho, solo pensaba en la chica con la que se choco hacía tres días.
¿Por qué huyo? No lo entendía, podría haberle ayudado a recoger sus libretas caídas y pedirle su nombre… pero no lo uso, se limito a huir de la realidad.
Bruno creía que su vida iba a cambiar, pero no cambio en absoluto, cada segundo era más aburrida que el segundo anterior.
Cuando el sermón de los padres de Bruno acabó, dejaron que él se fuera a jugar a la calle con sus amigos, por su puesto aquel día estaría solo. Él no había tenido un buen día, no tenía ganas de estas con sus amigos, y mucho menos de ver a Adam, le estaba comenzando a odiar. Bruno seguía queriendo a Marian como si fuese su vida, pero apareció aquella chica… ¿Cómo se llamaría? Sus sentimientos se confundieron y él no sabía lo que quería.
-¿Mejor amigo? ¿En serio me pasa toda esta mierda a mi?- Se quejo el chico mientras caminaba por la calle- Todo el mundo está en mi contra.
Quiso gritar para que su rabia saliese hacía afuera, pero no podría porque la gente que había alrededor le tomaría como un loco… y esa era la cuestión, él estaba loco, o al menos eso quería creer. La locura recorría por sus venas, por eso quiso gritar y así lo hizo. Bruno gritó en medio de aquella calle, lo hizo con todas sus fuerzas llamando la atención de todas las personas que había a su alrededor. Cuando el chico se dio cuenta de que hizo el ridículo comenzó a correr con todas sus fuerzas.
Tras una larga recorrida llegó a un antiguo parque olvidado, aquel lugar estaba escondido entre muchos arbustos y árboles, estaba alejado de la ciudad. Se sentó frente a un columpio y tontamente comenzó a columpiarse. Una chica salió detrás de él, Bruno la reconoció, era la chica con la que choco.
Bruno no pudo decir nada, se quedo mudo y dejo de columpiarse. Se levantó del columpio y miró a aquella chica algo sorprendido.
-Me ha costado seguirte ¿Estás loco? Te pones a gritar en medio de la ciudad de esa manera… y encima hace tres días me tiraste todas mis libretas al suelo y no me ayudaste a recogerlas, saliste corriendo como has hecho ahora.
Bruno seguía estando mudo observando como la chica se acercaba a él, hasta posar cara a cara.
El chico creía que aquello era un sueño.
-¿Me escuchas?-Preguntó ella.
-Si- contestó Bruno algo insólito.
En ese instante que él habló, ella golpeo a la cara de Bruno con todas sus fuerzas dejándole una marca roja. El chico se sorprendió y se acaricio la mejilla donde le había sido golpeado.
-Eso es por lo del otro día. No me ayudaste a recoger mis libros, apenas te conozco, pero te odio.
-¿Cómo te llamas?-Preguntó Bruno de repente comenzando a mirar los ojos a la chica.
-¿Eh? ¡Te estoy regañando y tú me preguntas por mi nombre!-La chica comenzó a alterarse- ¿Estás loco?
-Solo quería saber tu nombre… aunque tienes razón, debo estar muy loco.
Ella no tenía más palabras en su boca, aparto la mirada y susurró su nombre. Bruno no lo escucho.
-¿Cómo?-Preguntó.
-Me llamo Dana…-Dijo ella ruborizándose.
Los dos se dieron sus nombres así sin más, Bruno siempre recordaría el nombre de aquella chica. Ni él mismo lo entendía, hasta hace unos días estaba enamorado de Marian… pero ella apareció y dejo de pensar en Marian por Dana, fue como un cambio, aun así, odiaba ver a Marian junto a su mejor amigo, Adam.
Ninguno de los dos chicos tenía otra cosa que hacer, por lo que comenzaron a caminar por aquel parque y lentamente volvieron a la ciudad en poco tiempo. Fue uno de los momentos más felices de Bruno.
Anocheció rápidamente.
Bruno había olvidado que era sábado, pero eso no le hizo reaccionar de otra manera distinta. No cogió ninguna llamada de su teléfono móvil, sabría que si las cogía le traerían problemas. Las miraba cada diez minutos y su madre la llamaba, y luego empezó a llamarle Adam.
Eran las once de la noche y aun no volvió a casa, no le extrañaba que sus padres estuvieran preocupados, también su mejor amigo Adam.
Dana invitó a Bruno a cenar a su casa, y allí estaban ellos dos. Cenando. Bruno tuvo la mejor oportunidad de todas las que había para conocer a la familia de Dana, al menos eso decía ella. Poco después se fueron al cuarto de ella.
Dana se tiró sobre la cama embozando una sonrisa, Bruno se sentó en una silla que había al lado de la ventana.
-Es grande tu habitación- dijo.
-Eso dice la gente… ¿Cómo es tu habitación?- preguntó Dana.
-Pequeña… -contestó Bruno encogiéndose de hombros.
-Qué pena.
Bruno estuvo observando el cuarto con la mirada, en una estantería estaba llena de libros de literatura, por lo que dedujo que a la muchacha le gustaba leer. Siguió mirando y observó varios poster de música de distintos grupos de rock pegados en la pared.
-¿Cuál es la contraseña?- preguntó Dana.
Bruno se giró para observar a su nueva amiga, tenía algo entre las manos… era su móvil ¿Cuándo lo había cogido? Él no lo recordaba y gracias a dios, su teléfono estaba protegido por una contraseña. El chico se mantuvo en silencio, no le iba a decir la clave.
-Vale, vale… si no me la quieres decir, al menos dime quiénes son tus amigos…-volvió a decir la chica.
Bruno recordó que tenia de fondo de pantalla una foto donde salía él y sus amigos; Marian, Andrés y Adam. Por desgracia podría observar la foto aunque el móvil estuviese bloqueado con contraseña.
-Pues son… mis amigos… espera, no… ellos no son mis amigos- dijo Bruno mientras dudaba y encogía de hombros.
Se levantó de la silla y le quito el teléfono a Dana de las manos.
-Creo que me tengo que ir ya…
-¿Nos veremos el lunes?- preguntó ella levantándose de la cama y cogiéndole de las manos.
-Claro.

Bruno se sintió feliz, elevó una tonta sonrisa. Él sabía que cuando llegase a casa era sonrisa se le iba a ir, porque posiblemente sus padres estaban enfadados porque llegó tarde a casa. Aun así, a Bruno le daba igual, aquel día iba a tener dulces sueños.