martes, 8 de octubre de 2013

Capitulo 11 - Al principio del final

¿Qué era la amistad para llegar a un punto máximo de odio? ¿Qué era? ¿Qué era? Estaba claro que la persona más confundida que había en esta historia era Marian. Ella sabía que algo había cambiado y todo aquello estaba claro, su relación con Bruno… y su relación con Adam. Desde que ellos dos se pelearon, Adam dejo de besar con amor a Marian y ahora sus besos sabían a asco, o mejor dicho; daban asco.
Marian sentía que lo estaba perdiendo todo con aquello. Rompió con Adam una vez, tenía miedo de hacerlo otra vez… pero quería que él volviese a ser el de antes.
En situaciones como el sexo, Adam se negaba hacerlas. Los dos estaban en la habitación de Marian, cuando la propietaria se tiro encima de su novio que estaba encima de la cama.
-¡Sabes, tengo ganas…! ¿Lo hacemos?- preguntó la chica sacando la lengua.
-No, quiero dormir- se quejo Adam.
Marian se encogió de hombros, también había otro tipo de situaciones distintas y parecidas a aquella. Cuando se trataba de follar, y perdón por decirlo de esta manera, Adam siempre estaba encantado. Y no era que no tenía ganas ¡Él siempre tuvo ganas!
Marian y Adam siempre se estaban enviados mensajes por el móvil, por supuesto, Adam muchas veces la ignoraba ¡Él nunca la había ignorado!
¿Qué demonios le pasaba a Adam?
Marian cada vez se sentía peor, supo que se comporto mal con Bruno, pero… aquello no era suficiente para que sufriera todo lo que había sufrido ¿Verdad? Pensaba que estaría toda su vida escondida tras unas cortinas blancas, y las cortinas eran blancas… tan blancas que se transparentaban y no se podría esconder nunca y todos verían como lloran, aunque algunos la ignorarían. Que cruel es el mundo.
Aquel día, Adam no fue al parque, tenia “otras cosas que hacer”. Solo estaban Andrés y Marian.
-¿Por qué todo lo malo me pasa a mi?- preguntó Marian.
-Todos vivimos cosas malas…- contestó Andrés apartando la mirada.
-¿Todos? Tú no, eres unos de los mejores jugadores del equipo de futbol, la gente te adora… ¿Por qué piensas que todos viven cosas malas?
Andrés se encogió de hombros. No supo que decir.
-Si pongo un ejemplo… Bruno lo estaría pasando mal ahora mismo también ¿No?- susurró Andrés apartando la mirada.
-Tiene una novia que le quiere, su hermana ha vuelto y esta junto a él… no está solo ¿Cómo lo va a pasar mal?
Andrés se volvió a encoger de hombros.
-Cierto, eres la única que lo pasa mal…- afirmo Andrés.
Marian le miró, sabía que él no decía la verdad. Había algo mal en sus palabras y no supo lo que sabía. Ella falló en intentar saber que era lo que ocultaba su amigo, siempre fallaba en conseguir sus objetivos.
-Solo quiero que me vuelva a besar con sentimiento…- se quejo ella- no pido nada más.
-A lo mejor está dejando de amarte- Andrés respondió a todas sus preguntas.
-¿Por qué?- preguntó ella. Andrés no contestó.- bésame, quiero saber si tus besos son como los de él.
Andrés tampoco respondió a aquello, pero hizo lo que ella le pidió. La beso, ella le siguió el beso, aunque apenas duro diez segundos. Marian abrió los ojos y observó la cara de Andrés, se ruborizo.
-¿Sientes lo que querías sentir?-preguntó a Andrés.
-Realmente no… será porque no me amas, pero… no puedo explicarlo, ha sido especial. La única persona que he besado ha sido a Adam y ahora a ti…- Marian miró hacia arriba mirando las nubes.
-Ha sido mi primer beso- confesó después de un rato Andrés.
Tras aquella tarde, anocheció rápidamente y Andrés se fue.
-¿No tienes miedo?- Marian comenzó a hablar sola.
Ella deseó volver a nacer, volver a crecer. Antes las cosas no eran tan difíciles… mentira, antes los problemas eran peores. Cerró los ojos y vio a su padre delante de ella, volvió a abrirlos para despertar de aquella horrible pesadilla.
En medio de la calle lloro y toda la gente le miro, mientras caminaba, por cada paso, por cada lágrima que caía al suelo. Un sentimiento se había destruido.
-Lo he dejado ir todo… ¡Todo ha sido culpa mía!- Grito llorando.
Volvió a cerrar los ojos y esta vez vio a Bruno riéndose de ella, con esa visión afirmo que todo fue su culpa.
Pobre muchacha desgraciada que no sabía lo que quería, solo quería recuperar a Adam, a Bruno… ¡Qué las cosas volviesen a ser como antes! Pero ella cometió un gran error al golpear a Bruno y cambiarle por Andrés, aquel, fue un mayor error. Aunque Andrés también era un gran chico.
Al llegar a su casa se encontró con quien menos se esperaba, con el chico que paso la tarde. Andrés tenía la mirada fija en ella, pero rápidamente se dio la vuelta y se comenzó a ir. Marian no pudo decirle nada.
Al entrar a casa, lo primero que hizo fue mirar el buzón, y había una carta para ella. Al leer la carta, se sintió aliviada, era de Andrés. Se acercaba el verano y él se iba a su antiguo pueblo rocazul, pero volvería. El verano estaba a punto de llegar, solo faltaban unas semanas y para aquello, solo tenía que esperar.
No pasaría nada en aquellas semanas, simplemente el tiempo pasaría rápido. Ella decidió acabar su relación con Adam ¿Pero cómo hacerlo? Si su mirada le ablandaba, sonreía tontamente.
Al día siguiente se enteró de que Andrés ya no volvería mas al instituto, lo había dejado. Ella tembló al saber aquella verdad ¿Por qué se había ido? Posiblemente nunca más le volvería a ver.
Marian y Adam caminaban tranquilamente por la calle, ella sujetaba su mochila del instituto al igual que Adam que la tenia colgada en la espalda. Ella abrió la boca para decir aquellas hermosas palabras.
-Andrés… le echare de menos- dijo ella.
-Pudo haberse despedido- contestó Adam.

-Yo lo hice, con un beso- Marian miró a las estrellas elevando una tonta sonrisa. Se despidió, con un beso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario