¿Qué era la amistad para llegar a un punto máximo
de odio? ¿Qué era? ¿Qué era? Estaba claro que la persona más confundida que
había en esta historia era Marian. Ella sabía que algo había cambiado y todo
aquello estaba claro, su relación con Bruno… y su relación con Adam. Desde que
ellos dos se pelearon, Adam dejo de besar con amor a Marian y ahora sus besos
sabían a asco, o mejor dicho; daban asco.
Marian sentía que lo estaba perdiendo todo con
aquello. Rompió con Adam una vez, tenía miedo de hacerlo otra vez… pero quería
que él volviese a ser el de antes.
En situaciones como el sexo, Adam se negaba
hacerlas. Los dos estaban en la habitación de Marian, cuando la propietaria se
tiro encima de su novio que estaba encima de la cama.
-¡Sabes, tengo ganas…! ¿Lo hacemos?- preguntó la
chica sacando la lengua.
-No, quiero dormir- se quejo Adam.
Marian se encogió de hombros, también había otro
tipo de situaciones distintas y parecidas a aquella. Cuando se trataba de
follar, y perdón por decirlo de esta manera, Adam siempre estaba encantado. Y
no era que no tenía ganas ¡Él siempre tuvo ganas!
Marian y Adam siempre se estaban enviados mensajes
por el móvil, por supuesto, Adam muchas veces la ignoraba ¡Él nunca la había
ignorado!
¿Qué demonios le pasaba a Adam?
Marian cada vez se sentía peor, supo que se
comporto mal con Bruno, pero… aquello no era suficiente para que sufriera todo
lo que había sufrido ¿Verdad? Pensaba que estaría toda su vida escondida tras
unas cortinas blancas, y las cortinas eran blancas… tan blancas que se
transparentaban y no se podría esconder nunca y todos verían como lloran,
aunque algunos la ignorarían. Que cruel es el mundo.
Aquel día, Adam no fue al parque, tenia “otras
cosas que hacer”. Solo estaban Andrés y Marian.
-¿Por qué todo lo malo me pasa a mi?- preguntó
Marian.
-Todos vivimos cosas malas…- contestó Andrés
apartando la mirada.
-¿Todos? Tú no, eres unos de los mejores jugadores
del equipo de futbol, la gente te adora… ¿Por qué piensas que todos viven cosas
malas?
Andrés se encogió de hombros. No supo que decir.
-Si pongo un ejemplo… Bruno lo estaría pasando mal
ahora mismo también ¿No?- susurró Andrés apartando la mirada.
-Tiene una novia que le quiere, su hermana ha
vuelto y esta junto a él… no está solo ¿Cómo lo va a pasar mal?
Andrés se volvió a encoger de hombros.
-Cierto, eres la única que lo pasa mal…- afirmo
Andrés.
Marian le miró, sabía que él no decía la verdad.
Había algo mal en sus palabras y no supo lo que sabía. Ella falló en intentar
saber que era lo que ocultaba su amigo, siempre fallaba en conseguir sus
objetivos.
-Solo quiero que me vuelva a besar con
sentimiento…- se quejo ella- no pido nada más.
-A lo mejor está dejando de amarte- Andrés
respondió a todas sus preguntas.
-¿Por qué?- preguntó ella. Andrés no contestó.- bésame,
quiero saber si tus besos son como los de él.
Andrés tampoco respondió a aquello, pero hizo lo
que ella le pidió. La beso, ella le siguió el beso, aunque apenas duro diez
segundos. Marian abrió los ojos y observó la cara de Andrés, se ruborizo.
-¿Sientes lo que querías sentir?-preguntó a Andrés.
-Realmente no… será porque no me amas, pero… no
puedo explicarlo, ha sido especial. La única persona que he besado ha sido a
Adam y ahora a ti…- Marian miró hacia arriba mirando las nubes.
-Ha sido mi primer beso- confesó después de un rato
Andrés.
Tras aquella tarde, anocheció rápidamente y Andrés
se fue.
-¿No tienes miedo?- Marian comenzó a hablar sola.
Ella deseó volver a nacer, volver a crecer. Antes
las cosas no eran tan difíciles… mentira, antes los problemas eran peores.
Cerró los ojos y vio a su padre delante de ella, volvió a abrirlos para
despertar de aquella horrible pesadilla.
En medio de la calle lloro y toda la gente le miro,
mientras caminaba, por cada paso, por cada lágrima que caía al suelo. Un
sentimiento se había destruido.
-Lo he dejado ir todo… ¡Todo ha sido culpa mía!-
Grito llorando.
Volvió a cerrar los ojos y esta vez vio a Bruno
riéndose de ella, con esa visión afirmo que todo fue su culpa.
Pobre muchacha desgraciada que no sabía lo que
quería, solo quería recuperar a Adam, a Bruno… ¡Qué las cosas volviesen a ser
como antes! Pero ella cometió un gran error al golpear a Bruno y cambiarle por
Andrés, aquel, fue un mayor error. Aunque Andrés también era un gran chico.
Al llegar a su casa se encontró con quien menos se
esperaba, con el chico que paso la tarde. Andrés tenía la mirada fija en ella,
pero rápidamente se dio la vuelta y se comenzó a ir. Marian no pudo decirle
nada.
Al entrar a casa, lo primero que hizo fue mirar el
buzón, y había una carta para ella. Al leer la carta, se sintió aliviada, era
de Andrés. Se acercaba el verano y él se iba a su antiguo pueblo rocazul, pero
volvería. El verano estaba a punto de llegar, solo faltaban unas semanas y para
aquello, solo tenía que esperar.
No pasaría nada en aquellas semanas, simplemente el
tiempo pasaría rápido. Ella decidió acabar su relación con Adam ¿Pero cómo
hacerlo? Si su mirada le ablandaba, sonreía tontamente.
Al día siguiente se enteró de que Andrés ya no
volvería mas al instituto, lo había dejado. Ella tembló al saber aquella verdad
¿Por qué se había ido? Posiblemente nunca más le volvería a ver.
Marian y Adam caminaban tranquilamente por la
calle, ella sujetaba su mochila del instituto al igual que Adam que la tenia
colgada en la espalda. Ella abrió la boca para decir aquellas hermosas
palabras.
-Andrés… le echare de menos- dijo ella.
-Pudo haberse despedido- contestó Adam.
-Yo lo hice, con un beso- Marian miró a las
estrellas elevando una tonta sonrisa. Se despidió, con un beso.